13 julio, 2026

La Iglesia y la IA

León XIV con su encíclica Magnífica Humanidad contribuye, sustantivamente, a alborotar el avispero respecto del futuro inmediato de la tecnología y particularmente de la inteligencia artificial (IA). Lo hace con sabiduría, sin augurios de cataclismo o del fin del mundo, sino advirtiendo la necesidad impostergable de “escuchar, discernir e interpretar los signos de los tiempos” donde la dignidad de todos los habitantes de la tierra ocupe siempre el primer lugar. Para cuyo propósito, recomienda, no idolatrar ni demonizar a las herramientas tecnológicas, sino “gestionarlas a partir de un punto fijo: la verdad como un bien común”, no solo para quienes disponen de poderosos recursos y los usan “para construir narrativas sesgadas… difuminar los límites entre lo verdadero y lo falso… manipular contenidos, imágenes y videos” y con ello influir negativamente en la formación “de la vida de las personas, sobre todo de los más jóvenes”.

La exhortación papal va de la mano con lo que en su momento hicieron sus predecesores León XII, que habló ya de la Doctrina Social de la Iglesia y León XIII que le dio mucha fuerza con su carta pontificia “Nuevos asuntos” (Rerum novarum), cuya vigencia se mantiene respecto de “la primacía del trabajo humano sobre cualquier lógica puramente productiva o financiera”. Luego Pío XI “denuncia la concentración del poder económico en manos de unos pocos… (y) los totalitarismos que atropellan la dignidad de la persona”. Juan XXIII “propone un orden de convivencia fundado en la verdad, la justicia, el amor y la libertad”. El Concilio Vaticano II “aborda las grandes cuestiones del matrimonio y la familia”. Paulo VI sostiene que “mientras en el mundo haya pueblos excluidos de un desarrollo digno del ser humano, la comunidad cristiana no podrá contentarse con proclamar la paz en abstracto”. Juan Pablo II dice que la Iglesia “puede valorar la democracia en la medida en que garantiza la participación efectiva de los ciudadanos”. Benedicto XVI anota que el ejercicio económico “debe estar orientado al bien común… (y en ello) la comunidad política tiene una responsabilidad propia e insustituible”. Francisco propone “una mejor política capaz de buscar el bien común, caminos de reconciliación y un mundo que garantice tierra, techo y trabajo para todos”, al tiempo de confirmar “el creciente afianzamiento de un paradigma tecnocrático”.

Es clara, entonces, adónde se dirige la acción de la Iglesia y León XIV la reafirma con su preocupación por quienes intentan poner a la robótica, nanotecnología e IA sobre lo más importante y trascendente: la dignidad humana. Pide prudencia, cautela y controles rigurosos, lo que “no significa estar contra el progreso, sino ejercer un cuidado responsable hacia la familia humana”.

Aunque las opiniones alrededor del tema se dividen, sí destacan dos voces autorizadas para respaldar el llamado del pontífice católico. La de Geoffrey Hinton, Premio Nobel de Física y uno de “los padrinos de la IA”, quien renunció a Google para poder expresar libremente sus preocupaciones sobre los riesgos y amenazas éticas de esta tecnología, entre otras, la de inundar a la red con información falsa, desplazar masivamente los empleos y lo más grave: que los humanos no la puedan controlar. Y la de Jack Clark, cofundador de Anthropic, empresa líder en el desarrollo de sistemas fiables, seguros y beneficiosos de la IA, quien pide que se ponga freno a esta industria “antes de que empiece a desarrollarse por sí sola, sin intervención humana; este es un asunto del que el mundo debería hablar mucho más”, enfatiza y, por supuesto, tiene toda la razón. ¿O no?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos relacionados

×