13 julio, 2026

¿Existe el karma?

Mucho se habla del karma. Para algunos es una creencia espiritual; para otros, simplemente una forma de entender que toda acción tiene consecuencias. No sé si existe como una ley universal, pero sí creo que nuestras decisiones terminan dejando huellas en nuestra propia vida.

Seguramente hemos escuchado frases como: “todo vuelve” o “cosechas lo que siembras”. Y aunque no siempre ocurre de manera inmediata, muchas veces vemos cómo las acciones de las personas terminan generando efectos que tarde o temprano aparecen.

La asimetría del daño en las relaciones humanas

Pensemos en las relaciones humanas. A veces alguien hiere profundamente a otra persona. Lo hace con indiferencia, minimizando el daño causado, convencido de que no tendrá ninguna consecuencia. Continúa con su vida, sonríe, publica fotografías en redes sociales y aparenta que todo está bien.

Mientras tanto, quien fue lastimado puede reaccionar de manera poco inteligente. El ego herido, la tristeza y la decepción pueden llevarlo al aislamiento, a la pérdida de confianza y a cuestionar su propio valor.

Sin embargo, el verdadero aprendizaje está en comprender que el daño no siempre regresa de forma espectacular o visible. A veces vuelve como soledad, como vacío emocional o como la amarga experiencia de vivir aquello que antes se hizo sufrir a otros.

No hablo únicamente de engaños o traiciones amorosas. También hablo del desgaste emocional que produce jugar con los sentimientos de alguien que actuó con sinceridad y respeto. Porque el daño más profundo no es el que hace llorar por unos días, meses o años; es el que cambia la manera en que una persona vuelve a confiar, vuelve a amar o vuelve a creer en los demás.

El crecimiento tras el dolor

Cuando alguien destruye la confianza de otra persona, deja una marca que puede durar años. Pero también es cierto que quien supera ese dolor suele convertirse en alguien más fuerte, más consciente y más cuidadoso con las personas que llegan a su vida.

Por eso no vale la pena vivir esperando el fracaso de quienes nos lastimaron. La vida tiene su propia manera de enseñar lecciones. Algunas personas terminan enfrentando las consecuencias de sus actos; otras simplemente deben convivir con la persona en la que se han convertido.

Quizás el verdadero karma no sea un castigo externo. Tal vez sea la imposibilidad de encontrar paz cuando sabemos que actuamos sin consideración hacia los demás.

La mayor victoria

Por eso, más importante que esperar justicia es conservar nuestros principios: mantener la dignidad, actuar con honestidad y seguir siendo buenas personas a pesar de las decepciones.

Porque al final, la mayor victoria no es ver caer a quien nos hizo daño. La mayor victoria es poder mirarnos al espejo, dormir con la conciencia tranquila y saber que el dolor no nos convirtió en aquello que nos lastimó.

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