13 julio, 2026

Suelten a los burros

Quisiera desestresarme un poco y no hablar de política por algún tiempo, pero es imposible. Ya vienen las elecciones seccionales en el Ecuador, organizadas por la astróloga del CNE. En Colombia se vive la lucha por continuar con Cepeda en el poder como delegado de Petro. Por su parte, José María Balcázar es el nuevo presidente del Perú tras ganar la elección para la Mesa Directiva, y la disputa encarnizada vendrá en la segunda vuelta. En Bolivia, Rodrigo Paz ganó las elecciones y, a los seis meses en el poder, el pueblo ya pide su salida pese a que empezó con el eslogan de la reunificación del país.

Argentina, mientras tanto, lleva un descontento generalizado con el manejo económico incoherente de Milei. De Venezuela y Cuba, ni hablar. Con estos escenarios, resulta muy difícil salirnos del radar político.

Sin embargo, comparto la moraleja que sale de la fábula a la que he titulado “Suelten a los burros”.

La fábula de los dos borricos

Pongamos en contexto el tema: sabemos que las fábulas son relatos cortos que pretenden transmitir una enseñanza moral, basándose en actos y actitudes de los animales fácilmente asimilables a los seres humanos.

En este caso, el fabulista escenificaba las vicisitudes de dos burros que se encontraban atados entre sí. Para el caso de Ecuador, pongamos de ejemplo a Correa y Noboa. La cuerda que los separaba les impedía comer de los dos montones de alfalfa que su cuidador había acumulado a ambos lados del terreno.

Acuciados por el egoísmo y la cabezonería propia de los borricos, cada uno tiraba para su lado. El esfuerzo de ambos (basado en el egoísmo y la ambición de poder) les impedía llegar a cualquiera de los montones. Finalmente terminan por razonar, deciden trabajar corporativamente y comerse, primero uno y luego el otro, los dos montones de forraje.

En el caso que nos ocupa, primero se comió o saqueó al Ecuador Correa, y lo que queda se lo está comiendo Noboa. Hasta aquí el cuentecillo, que no es más que un reflejo de la cruda realidad.

La política del pesebre y la polarización

Si cambiamos a los burros (con perdón) por los políticos partidistas (con perdón), nos encontramos con una situación similar a la que se está produciendo en el mundo, en Europa y sobre todo en España, contagiada a Latinoamérica, al Ecuador y a las elecciones de mi tierra, Antonio Ante, para llegar a la alcaldía y prefectura en base a reelecciones de quienes no lo merecen.

Parece que no nos damos cuenta de la necesidad de un proyecto común o de una Tercera Vía en los tiempos difíciles. Mientras los “espabilados” dirigentes de las grandes mayorías se pelean entre sí —cada uno pensando en su propio pesebre (RC5 y ADN)—, los pequeños (y los grandes) “roedores” se están comiendo los recursos de nuestro país y nos están abocando a conflictos y —Dios quiera que no— a una revocatoria, a una muerte cruzada o a situaciones de dimensiones inimaginables.

El sentido común nos dice que gran parte de los problemas se arreglarían a base de acuerdos. Lo más inteligente y eficaz sería mirar hacia adelante y no hacia adentro; preocuparnos más del bien común que del sillón que ocupamos o que queremos ocupar.

La necesidad de un acuerdo nacional esencial

La buena noticia de hoy me la transmiten los políticos, pero no de Latinoamérica, sino los europeos, que por fin se han dado cuenta de la necesidad de estar más unidos que nunca a fin de defendernos de los “depredadores” del este y del oeste, del norte y del sur, que nos están dejando cada vez más indefensos y empobrecidos.

Una segunda y más necesaria noticia la esperamos ansiosamente. Se produciría cuando se pusieran de acuerdo en lo más esencial los dos grandes partidos polarizados en el Ecuador, especialmente en los grandes temas: educación, salud, trabajo, sanidad, emigración y defensa.

Ya está bien de incidir tan solo en “premiar” a los lobistas u oportunistas que comercian con sus votos. La desunión favorece la debilidad. Pronto se nos ha olvidado aquello de “el pueblo unido…”. Creo que debemos meditar la fábula y ser al menos tan inteligentes como los burros del país de Manuelito.

Por eso imploro al pueblo ecuatoriano: ya basta, “suelten a los burros”.

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