13 julio, 2026

Cada cual en su lugar

Que de ninguna manera se interprete como insinuación de blandenguería, intromisión en la pena, intrusión en la justicia; para nada. Sencillamente se trata de ‘pensar en voz alta’ y provocar sensibilidad en la autoridad, en la que discrimina en cuál o tal cárcel debe permanecer encerrado el prisionero. Si los centros penitenciarios han sido diseñados y habilitados con características particulares debe ser, precisamente, porque no todos los que pierden la libertad traen consigo las mismas condiciones de peligrosidad. Que todos, sin embargo, por diferente que haya sido el delito cometido, podrían fugar y burlar la acción de la justicia, cuando gozan del privilegio de defenderse en libertad, sí es cierto. Pero, del presidio, cuando ese el destino ordenado por el juez, nadie debería escapar; si eso sucede hay que colegir que su construcción y su custodia lo han permitido, habiendo por tanto complicidad manifiesta, inapelable, de los responsables de que esto no suceda

Felipe Rodríguez, reconocido abogado penalista, se lamentaba hace poco que un preso, sentenciado a instancias de sus acusaciones y realizadas en representación de su cliente víctima del mismo, ahora mismo esté muriéndose a causa de los maltratos, violaciones y más, recibidos en la cárcel. Al tiempo de sostener que es la cárcel lo que merece el individuo, advierte su total desacuerdo con la brutalidad y el irrespeto al derecho humano al que ha sido sometido. Casos como ese, con certeza, deben producirse a montones y nadie, en sano juicio, debe aplaudirlos, menos fomentarlos. Sin perjuicio de las certezas alrededor de la difícil, si no imposible rehabilitación de una gran parte de los detenidos, ninguno en ningún penal merece sufrir atentados contra su dignidad personal.

Los delincuentes más peligrosos, sea cual fuere el delito por el que se han ganado esa fama y está confirmado en los hechos, también se han ganado un espacio en el centro carcelario levantado para ellos y atenerse a sus particulares reglas. No solo la autoridad, la ciudadanía en general aprobará que así sea. Pero, ¿en el mismo lugar, mezclados con los súper peligrosos, deben estar detenidos aquellos que no son asesinos, violadores, terroristas, pedófilos, cabezas de cárteles de narcotraficantes y otros de la misma especie? La respuesta es no. Su prisión debe ser en otro tipo de calabozos, en los que las condiciones de permanencia sean menos duras.

Con seguridad los casos deben repetirse por montones, pero, solo a manera de ejemplo, todo indica que no es necesario -salvo justificación contundente e irrebatible- que el ex vicepresidente Glas o el alcalde Álvarez permanezcan en celdas de la cárcel destinada a los “más peligrosos”; ellos no lo son. Su encierro de esa forma más parece que sacia un apetito de venganza cruel. Las injusticias hablan muy mal de sus administradores y de quienes interfieren e intervienen en ella.

1 comentario

  1. Es verdad, Jorge. Ahora esos centros penitenciarios son una antesala del infierno, y lamentablemente muchos de los presos son verdaderos demonios que cortan cabezas, masacran, matan a ancianos y a infantes por el placer de hacerlo. ¿Cómo podrían ser clasificados y separados? Caras nos vemos, corazones no sabemos….

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