En una reciente conferencia me preguntaron si puede existir política sin políticos, creyéndose que esta fórmula es la panacea para remediar todos los males. Mi respuesta fue que Platón pensó en el gobierno de los filósofos, y muchos siglos más tarde, Francis Bacon, en una de sus obras, habló sobre una hermosa isla en la cual funcionaba una institución conocida con el nombre de la Casa de Salomón, encargada del gobierno. En dicha Casa no existían políticos, ni partidos, camarillas, convenciones, campañas, intrigas, discursos, etc. Los arquitectos, astrónomos, geólogos, biólogos, médicos, químicos y, en general, los mejores hombres en las respectivas ramas del saber, gobernaban. En pocas palabras, una utopía, es decir, un proyecto o sistema muy halagüeño, pero irrealizable.
El carácter utópico del antipoliticismo
¿Por qué decimos que es utópica la existencia del gobierno político del Estado desterrando a los políticos? Simplemente porque sería lo mismo que reclamar el ejercicio de la medicina sin médicos o la astronomía sin astrónomos; es decir, expurgar a las personas con conocimientos y aptitudes especiales que les permiten ejercer atinadamente la gestión.
Entonces, nos preguntamos: ¿cuál es la causa para la verdadera aversión que existe en grandes sectores de la población contra los políticos? Evidentemente, la proliferación de los funcionarios corruptos que, “enloquecidos por el dinero”, cometen delitos y nada les pasa. Para evitar tal escándalo, la solución se encuentra en la aplicación de las leyes y, consecuentemente, en sentencias condenatorias dictadas por jueces honorables. Si la justicia solo castiga a las personas de pocos recursos y absuelve a los poderosos, la consecuencia natural es que los corruptos aceleren su camino hacia el delito.
La fiscalización de la riqueza y el rol del SRI
Además, el SRI puede comparar la declaración de bienes efectuada al momento de la posesión del cargo con la situación económica exhibida al cesar el mismo. Existe un viejo refrán español que reza: “Es imposible ocultar el lacerante dolor, la exuberante felicidad, el amor, la gripe y las riquezas conseguidas rápidamente”. La verdad de este refrán ha sido vista en múltiples casos y reflejada cuando alguien que vivía pobremente, de repente, habita en una gran mansión, maneja carros lujosos, tiene propiedades en los balnearios, casa en Miami y viste elegantemente. ¿Ese tipo de persona pudo “ahorrar” mientras ejercía un cargo público? Imposible, pues el funcionario honesto, a lo más, sale “tablas”.
Las cualidades del político íntegro
El político honrado debe exhibir, además de una conducta integérrima, la necesaria mesura en sus actos y huir del apasionamiento, porque entonces será arrastrado “por algún torrente ancestral de impulsos o sentimientos y conducido a una reacción precipitada, y solo podrá comprender una pequeña parte del problema que se le presenta”. Igualmente, está obligado a respetar a los que no piensan igual que él y olvidarse de propender a una sociedad abúlica, de pensamiento uniforme, pues ese síntoma precede a la decadencia.
Aristóteles opinaba que en el intercambio de opiniones y acciones solo una cosa es constante: la aplicación de la ley. Por otro lado, es verdad que en muchos grandes países existen políticos corruptos, pero a una gran cantidad de ellos se los procesa y castiga.
