Hay temas que, aunque aparentemente no tengan relación directa, terminan encontrándose en el mismo punto: la confianza ciudadana. Eso es precisamente lo que ocurre con dos asuntos que han ocupado el debate nacional durante los últimos meses: el caso Progen y la decisión gubernamental de buscar mecanismos para adquirir medicamentos genéricos provenientes de la India.
A primera vista, uno habla de generación eléctrica y el otro de salud pública; sin embargo, ambos tienen un denominador común: los procesos de contratación estatal y la necesidad de que el ciudadano pueda confiar en que las decisiones públicas responden al interés general y no a intereses particulares.
El caso Progen ha dejado varias lecciones. Más allá de las responsabilidades administrativas, técnicas o jurídicas que deberán determinar las instancias competentes, lo ocurrido volvió a recordarnos una realidad incómoda: el Estado ecuatoriano sigue teniendo enormes desafíos cuando se trata de planificar, contratar, supervisar y exigir resultados. Cuando una contratación pública no cumple las expectativas, la ciudadanía naturalmente se vuelve más desconfiada, comienza a mirar con recelo cualquier nuevo proceso y, en ocasiones, termina generalizando problemas específicos hacia iniciativas que merecen ser analizadas por separado.
El papel de la India en la industria farmacéutica global
India no es un actor menor dentro de la industria farmacéutica mundial; todo lo contrario, durante décadas se ha consolidado como uno de los mayores productores de medicamentos genéricos del planeta. De hecho, millones de personas en Europa, América Latina, África e incluso Estados Unidos consumen diariamente medicamentos fabricados por laboratorios indios. Muchos de estos productos cuentan con certificaciones internacionales y son utilizados por sistemas públicos y privados de salud alrededor del mundo; no estamos hablando de una industria improvisada ni experimental, estamos hablando de uno de los gigantes farmacéuticos globales.
La experiencia nos enseña que mientras más importante es una contratación pública, mayor debe ser el nivel de vigilancia. Los ciudadanos tienen derecho a exigir transparencia absoluta en cada etapa del proceso: selección de proveedores, certificaciones sanitarias, controles de calidad, trazabilidad, logística y distribución. La vigilancia no es un obstáculo para una buena política pública; es precisamente lo que permite que esta tenga legitimidad. Si algo necesita hoy el Ecuador es optimizar el uso de sus recursos: los presupuestos de salud son limitados y las necesidades son enormes.
El concepto de medicamento genérico todavía genera dudas en algunos sectores, pero la evidencia internacional ha demostrado que, cuando cumplen los estándares regulatorios correspondientes, pueden ofrecer los mismos beneficios terapéuticos que los medicamentos de marca, permitiendo ampliar la cobertura y reducir costos para los sistemas sanitarios.
La lección institucional: fiscalización antes que fe
La lección que deja Progen es precisamente que los procesos públicos no deben administrarse desde la confianza «ciega»; deben administrarse desde la fiscalización permanente, no importa si se trata de energía, infraestructura, seguridad o salud.
Por eso resulta equivocado caer en posiciones extremas: ni todo proceso de contratación es sospechoso por definición, ni toda contratación pública merece ser un acto de fe. Lo razonable es exigir controles rigurosos, auditorías oportunas y mecanismos de transparencia que permitan distinguir entre una mala experiencia y una buena oportunidad.
Ecuador necesita resolver sus problemas energéticos, fortalecer su sistema de salud y mejorar la eficiencia del gasto público. Ninguno de esos objetivos será posible si el miedo termina paralizando decisiones necesarias, pero tampoco será posible si la vigilancia ciudadana desaparece. El país no puede darse el lujo de rechazar alternativas que podrían beneficiar a millones de personas únicamente por el temor generado por experiencias anteriores; lo que corresponde es hacer las cosas mejor, con más controles, más transparencia y más responsabilidad.
Al final, el desafío no consiste en elegir entre confiar o desconfiar; consiste en construir instituciones capaces de generar confianza mediante resultados. Esa será siempre la verdadera prueba detrás de Progen y la compra de medicinas.
