No todos saben que la peligrosa inteligencia artificial (IA) consume una monstruosa cantidad de energía que no hay. ¿De dónde más van a exprimir al planeta que ya no tiene ríos ni lagos? Los procesadores de los bancos e instituciones públicas consumen mucha energía solo para la ventilación y la refrigeración.
Los zurdos de hace 40 años, disfrazados de ecologistas, decían no al «consumismo capitalista contaminador yanqui» y a los carros de Europa y Japón. Ahora callan que todo viene para el hogar, la industria y la tecnología de la Fábrica del Planeta: China (barato, con más consumismo y basura). Los carros chinos inundan las calles y no les importa la congestión ni la contaminación; aquí hay motos, triciclos de carga, scooters y motonetas sin control.
La ONU zurda y otros pusieron a China de modo corrupto como economía emergente libre de regulaciones, con petróleo barato de Venezuela, Irán y Rusia, sin controles ambientales a la aspiradora de petróleo, gas, carbón y peces de los mares. Los regresistas de EE. UU. y Europa, con sus nefastas regulaciones, acabaron con sus propias industrias. Los empresarios fueron a hacer millones con la mano de obra barata y esclava china, cayendo en la trampa: hoy China domina el know-how, lo hace todo, quiebra a las pocas empresas de los países y es el imperio capitalista dueño del planeta con los cipayos traidores de las élites regresistas oscuras de izquierda y derecha. No les importa la mano de obra mal pagada ni su contaminación brutal.
El declive de las potencias y el capitalismo de Estado
Una Unión Europea tecnócrata y plutocrática convirtió a Europa en una «parapléjica moral, cultural, económica, militar, violenta y criminal». Pasó algo igual en EE. UU. con los Obama, Clinton, Biden y Pelosi…, lo que está cambiando Trump reviviendo sus industrias, por eso todos quieren eliminarlo.
Campesinos y ciudadanos en los años 70, con su trabajo privado milenario, dieron la vuelta al totalitarismo comunista de Mao. Luego, Deng Xiaoping en 1978 impulsó el programa de «Reforma y Apertura» con la fachada de una «Economía Socialista de Mercado», y ¡viva la propiedad privada y el capitalismo! El Estado, a través de grandes empresas, controla todo junto al Partido Comunista Chino. ¿Al millonario Jack Ma de Alibaba, que se atrevió a criticar, no le quitaron gran parte de su fortuna con una acusación forjada como es su costumbre?
Los carros eléctricos son una buena opción para la ciudad, pero se incendian por sus baterías en sitios cerrados, tienen seguros caros, una depreciación brutal y, en un choque que no sea fuerte, se puede perder el vehículo si se daña la cápsula de las baterías (que son altamente contaminantes); los híbridos quedan como una opción equilibrada. La energía eólica, con molinos de viento caros en su fabricación y mantenimiento, mata a las aves y es un monopolio chino. Las celdas fotovoltaicas son costosas y su mayor problema es su poca eficiencia (del 30% del 100%), expropiando a precio de huevo miles de hectáreas de olivares y plantaciones, matando lo verde que dicen defender.
Los del Socialismo del Siglo XXI siguen con la mentira del gobierno del pueblo, promoviendo el odio al que tiene y trabaja, el no al capitalismo y a la propiedad privada, mientras mantienen una cúpula y un partido millonarios sin trabajar, robando al Estado y a los ciudadanos que se vuelven más pobres sin trabajo, comida, salud, educación ni libertad.
¿Cómo salvar la Tierra?
Entonces, ¿no solo es «el qué», sino en realidad «el cómo» para salvar la Tierra y a las abejas que hacen el milagro de la polinización? En mi artículo Poema 1800 de 2020 decía:
«No servirá de nada si no cambiamos, si la generación y la juventud de mis padres y la mía dejamos inermes a la familia sin valores de Dios y a la Madre Tierra sin bosques, ríos, mares, lagos y hermanos menores de la pradera y la selva».
Estamos llenos de basura plástica, tecnológica, química y secos… Caminen, usen la bicicleta y el transporte público. Digan no a las cosas superfluas o que ya tenemos. Reciclen, digan no a lo desechable, no a la corrupción y a la contaminación política. Siembren para detener los desiertos y proteger el agua. No maten a los animales en vías de extinción. Eduquemos a los hijos con principios morales, espirituales y naturales, no con ideologías que deforman y destruyen a la familia.
¿Soltaron sin querer queriendo el virus de Wuhan para que haya menos gente en el planeta? ¿Al hantavirus lo liberaron del Hondius? ¿Habrá millones en el Mundial de Fútbol, ideal para un contagio, o el ébola? ¿Consuman menos carne y animalitos; Bill Gates con carne que no es carne, mañana serán lechugas que no son lechugas? ¿Ya no es la discusión ser vegetarianos o no, sino de salvar a la Pachamama y a la humanidad?
¿Para qué quiere el hombre ir a Marte si procederá igual? Va a matar y someter al otro por el poder, el dinero, la religión, la raza, la comida, el agua y el aire. El hombre es el lobo del hombre y de la Madre Tierra: el hombre por el hombre y no el hombre para el hombre. Como decía Mahatma Gandhi sobre la no esclavitud y la no violencia:
«La Tierra tiene suficiente para todos, pero no tiene suficiente para la ambición de unos pocos».
