Yo he visto muchos grupos de oración, especialmente de jóvenes. Y te juro que nunca me he sentido más cerca de Dios que cuando, unido a ellos, me he dejado llenar de este sentido profundo de alabanza, de adoración, de gratitud y de amor por Jesucristo que el Espíritu derrama en los que se unen en el nombre de Cristo.
El Espíritu de Dios es discernible con facilidad: cuando sientas inclinación a rezar en profundidad… cuando alguien te susurre una renuncia…
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Cuando te sientas empujado a la confesión sentida…
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Cuando en la comunión ahondes el Don de Dios…
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Cuando ayudes al hermano contra tu inclinación egoísta…
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Cuando te sientas movido a decir que Dios es grande y bueno…
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Cuando te unas con tus hermanos, olvidando rencillas…
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Cuando te sientas solicitado a llenar de contenido divino tus horas…
Todo esto es «fruto del Espíritu». Cuando en la oración a solas leas el Evangelio, lo profundices y le preguntes a Cristo Señor lo que quiere decir y lo que quiere decirte…, y salgas «lleno», da gracias al Espíritu. Es Él quien da todo esto y quien busca tu colaboración para hacerte «cristiano».
El gran Don de Cristo y la experiencia del Evangelio
El Espíritu, decía el cardenal Suenens, es el «gran Don de Cristo»… y su «Bautismo en el Espíritu» te es necesario si quieres «renacer en el Espíritu», condición que Cristo pone a Nicodemo para entrar en el Reino de Dios… Lee este cap. 3.º de san Juan… Léelo. Una cosa es el «conocimiento intelectual» del Evangelio… y «otra», infinitamente más profunda, es el conocimiento «experimental» del mismo Evangelio que el Espíritu ofrece.
La devoción de san Juan Bautista de La Salle
Ahora debería hablar de la devoción de san Juan Bautista de La Salle al Espíritu Santo. No acabaría. Un solo texto, y que el santo me perdone por hablar tanto:
«Pensáis a menudo la alegría que supone para vosotros que el Espíritu habite en vosotros».
¿Ves? Lo mismo: alegría, aleluya.
«Abandonaos enteramente a este Divino Espíritu para que Él pida por vosotros a Dios cuanto conviene para vuestra alma y la de aquellos de los que estáis encargados. No obréis más que por Él».
Todo un programa, ¿no? ¿Qué tal si lo intentáramos?
Tomado del Boletín Lasallano.

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