El delincuente prófugo dejó de ser presidente hace 9 años. No deberíamos volverlo a mencionar, ni como mal ejemplo. Sería sano dejar de hablar de él en redes sociales, no tomarlo en cuenta, ni siquiera para ver cómo lo arrastran y llenan de improperios. Pero resulta que es tendencia, está en el algoritmo tanto de quienes lo siguen como de quienes lo odian; ambos grupos viven obsesionados con su existencia.
La estrategia es tan simple como absurda. Si Noboa sube impuestos, responden: «¡Pero Correa los subió más!». Si Noboa hace la casita, «¡Correa la cargaba peor!». Si los funcionarios del gobierno roban, «¡Correa y su banda robaban más!». Si propone una ley estúpida, Correa propuso una más tonta.
Se defiende a alguien porque «el otro era peor», sin evaluar propuestas, resultados o principios. Sin poner al cerebro a trabajar en sentido crítico. En vez de evaluar méritos reales, se defiende lo malo porque se pinta al otro como peor. Es un ejemplo claro de la falacia del mal menor, que termina normalizando lo inaceptable. Es un juego de espejos donde el presente nunca se analiza, porque siempre hay un fantasma del pasado. ¿Seguiremos hablando de este sujeto?
La fórmula mágica del conformismo
En Ecuador hemos descubierto la fórmula mágica para blindar al presidente de las críticas: basta con invocar el conjuro «¡Correa era peor!» y automáticamente se neutraliza cualquier reclamo. Es como tener un antivirus político instalado en el discurso oficial: detecta la amenaza, la compara con el archivo «Correa.exe» y la elimina.
El resultado es un concurso nacional de mediocridad: no se trata de gobernar bien, sino de demostrar que al menos no se gobierna tan mal como el anterior. Es como si un restaurante justificara la presencia de cucarachas alegando: «Bueno, al menos no tenemos ratones como el otro local». El cliente sigue asqueado, pero se supone que debe agradecer una insalubridad menor.
Esta técnica convierte a Correa en el verdadero protagonista del gobierno actual. Noboa gobierna, sí, pero acompañado de un coro que repite el nombre de otro, como si fuera un mantra. Es como tener una expareja tóxica que brota en todas tus conversaciones. Noboa podría anunciar que la solución a la crisis energética es repartir velas aromáticas, y la defensa oficial sería que «Correa repartía velas sin aroma».
El bucle temporal de la política ecuatoriana
El problema es que esta falacia no soluciona nada. Los ciudadanos siguen atrapados en un bucle temporal, donde el pasado se usa como paraguas para cubrir los aguaceros del presente. La inseguridad, la economía, la energía, la falta de medicinas, todo se justifica con comparaciones de «quién fue más malo».
Frente a estos dos escenarios opuestos ha surgido una nueva tendencia: los dos son un desastre… son tan parecidos. Ambos convirtieron en lacayos al contralor y fiscal de la nación, pero debemos reconocer que los actuales ganan todos los trofeos de incompetentes, estólidos, con presbicia jurídica, repartiendo impunidad a diestra y siniestra para pagar favores.
Conclusión
En conclusión, Ecuador no necesita un presidente que se defienda con comparaciones, sino uno que gobierne en presente, porque si la única virtud es «no ser tan malo como el anterior», entonces estamos condenados a vivir en una saga infinita de malas secuelas.

Con o sin, Correa, De las Ratas Comunes, del Moreno, del Lasso, las personas mas vulnerables, seguimos IGUAL O PEOR, siguen los mismos rezagos, especialmente en los Ministerios del Trabajo, de la salud, de educación, del MIES, en la de Gobierno, en la misma presidencia, en la Gobernación de Tungurahua y en otros, no respetan los derechos de las ayudas técnicas, de la jubilación Patronal, universal, y demás beneficios, y otros derechos, por eso digo, SEGUIMOS IGUAL O PEOR,
Es que son LOS MISMOS HACIENDO LO MISMO