Con la certeza científica de los posibles desastres ambientales que la Humanidad podría soportar de no fijarse resultados tangibles y concretos para la conservación del planeta, hace algunos años se reunieron en París los máximos representantes de 195 Estados acreditados y observadores de las Naciones Unidas, a fin de pretender alcanzar un acuerdo que verdaderamente tienda a armonizar el futuro de millones de seres humanos, tomando en cuenta el riesgo ambiental que suponen las actuales condiciones de vida, nada favorables a este propósito, es decir, evitar el incremento del calentamiento global.
Dicho tratado fue el Acuerdo de París, firmado en diciembre de 2015. Han transcurrido cerca de diez años y, lamentablemente, no ha habido cambio alguno que pronostique la reducción de las fuentes originarias de dichas agresiones.
Unido al aumento poblacional irreversible y los recursos naturales finitos frente al resultado negativo de la aplicación de los tratados internacionales ambientales –cerca de 50 multilaterales– por parte de los miembro partes de NN. UU., ojalá se lo logre tomando en cuenta que existen 47 Estados isleños y cientos de ciudades ribereñas a los mares donde habitan 300 millones de seres humanos, que podrían ser víctimas y estar en peligro por el aumento del CO2, cuyo remanente la atmósfera los regresa a la Tierra, ocasionando a la vez aumento en la temperatura que origina, por ejemplo, la reducción de la capa de ozono, especialmente en la zona antártica; derretimiento de los glaciales, incrementando el nivel de los océanos, según cálculos podría iniciarse entre uno o dos metros para luego irse incrementando, acorde al informe “Future flood losses in major coastal cities” de Nature Climate Change.
Guayaquil consta en él (dato de EL UNIVERSO del 29-09-2013). Esta transformación climática surge del permanente uso de recursos no renovables, entre ellos el petróleo, el aumento de la contaminación ambiental que, científicamente, ha sido comprobado.
Por considerar que las circunstancias no han sido modificadas, nuevamente, lo publico como nota recordatoria de los posibles males que nos puedan aquejar en futuro cercano y tomar precauciones necesarias ante dichas eventualidades.
Obras consultadas:
- Acuerdo de París de 15 de diciembre de 2015;
- “Future flood losses in major coastal cities” de Nature Climate Change
- Diario El Universo de 29-9-2013.

Muy buen tema, Regina. Olvidaste la deforestación, que en Guayaquil es épica, por no decir horrible y delictiva, porque no se usaron fondos municipales en la administración que se llenaron los árboles de cochinilla. Jaime Nebot hizo una buena labor de reforestación y cuando paso por los árboles que él hizo sembrar pido a Dios que lo bendiga. Pero hace falta mucho más, los parques están yermos. En Samborondón veo pasar los camiones cisternas regando las plantas a medio día cuando el sol arde, deben hacerlo muy temprano en la mañana o cuando se ha puesto el sol. Hay que hacer conciencia de menos palmeras y más árboles. Un abrazo Norma