Interpretar de una y otra manera un mismo hecho es un ejemplo claro del ejercicio pleno de la libertad de opinión. Las reacciones alrededor de la charla “Un Ecuador para todos Visión ciudadana, no partidista” (ojo con esta última frase, no partidista), ofrecida por Jaime Nebot Saadi, también están divididas. Para el analista César Febres-Cordero Loyola (Expreso, 16.04.26) “muchos” creyeron que esa intervención era anuncio inequívoco del “retorno inminente del líder guayaquileño a la palestra política”. Él no tenía, como otros, “una expectativa tan alta”, sin embargo, concluye con una interrogante: “¿las palabras -de Nebot- sospechosamente no provocaron ni la más mínima reacción por parte de Carondelet?”.
Cuando el columnista titula “Jaime Nebot se desvía” queda para el lector la posibilidad de interpretar “desvía” de tantas formas como la RAE la conceptúa: desapego, frialdad, desagrado, indiferencia, despistar, esquivez, bifurcación, variante, en fin de tantas maneras, pero, ¿de verdad, la intervención de Nebot, se enmarca en un desvío, si durante toda su larga charla (55 minutos más menos), definió la situación del país, sus problemas más acuciantes, cómo atacarlos y zanjar con un categórico “todo tiene solución”. Esta fue seguida con especial atención por los asistentes y el evento se llevó a cabo tal cual decía la invitación: no partidista. El propósito -que se cumplió-, era que la reunión no tuviera carácter proselitista sino exclusivamente cívico, donde la palabra unidad adquiriera valor superlativo, donde su llamado provocara reflexión y certeza de que sólo deponiendo intereses particulares es factible llegar a un acuerdo nacional y el Ecuador y su pueblo logren transitar el camino del progreso y del bienestar.
Febres-Cordero Loyola habría preferido nombres propios, promoción de candidaturas, ataques al gobierno, “guiños sobre posibles alianzas”, y como eso no ocurrió lo llama desvío, olvidando que la invitación con absoluta claridad decía no partidista. Nebot respetó la cualidad de su charla, lo mismo hicieron los asistentes, inclusive cuando llamó a defender el aeropuerto internacional de Guayaquil, a sumarse sin condiciones a la lucha contra la inseguridad porque “ninguna soberanía es más importante que la paz”, a terminar con el desastre en salud y educación, a mejorar la actividad petrolera y minera, a eliminar la burocracia innecesaria, etcétera. Aun así, el columnista se lamenta de que “del estado del país, ni fu ni fa”. Más, muy en serio, ¿con cuánta frialdad, indiferencia, despiste y desagrado escuchó la intervención de Nebot? ¿Realmente la escuchó? ¿Quién se desvía?
De cualquier forma, lo hermoso de la libertad plena es opinar con absoluta libertad. La pluralidad la enriquece. Ojalá que, en medio de las diferencias ideológicas o partidistas, sea la unidad nacional la que se imponga.
