El popular don Pifa es un especialista en el mantenimiento de canchas de tenis de arcilla que nunca pisó una universidad. Siempre atento y sonriente, tiene además un envidiable currículum gracias al excelso nivel de profesionalismo adquirido en el tiempo. Sus exquisitos conocimientos y destrezas en la manipulación del polvo de ladrillo complementan una aún mayor autoexigencia en la calidad de las pistas que prepara y entrega cotidianamente. El singular Agustín Carchipulla, histórico decano de los cancheros, fue su anónimo mentor generacional en el empírico aprendizaje del oficio hace ya 21 años.
Una apenas conocida faceta de Epifanio, empero, es su intuición para vaticinar los resultados de los equipos del Astillero y de la Tri. Sus pronósticos —libres de costo, perennemente disponibles y basados en sapiencia folclórica— mantienen un bajísimo margen de error y un elevadísimo nivel de confianza. Sin duda, un extraordinario individuo, sin poses ni apatías, merecedor de la mejor de las suertes.
Nadie le regaló nada en la vida. El Estado, a duras penas, le cumplió hasta el bachillerato, pero con tesón siguió luchando. Su instinto logró asimilar la tierra batida, siendo también reconocido por la gente que disfruta jugando sobre ella. ¡Todo un campeón! No precisa de un cartón, tampoco de meritocracia exprés. Don Pifa es doctor en Canchas de Arcilla, honoris causa, otorgado por la Universidad de la Vida Hemisférica, por su superación a pesar de los tercermundistas obstáculos propios de un país que no da para más.

Buena paradoja.
Asegúrenle un digno sucesor.