13 julio, 2026

Y… ¿Dónde está la plata?

El 17 de mayo de hace 34 años se cumplió en Ecuador la primera vuelta electoral de unos comicios presidenciales. Triunfó, en segunda vuelta, Sixto Durán Ballén. Lo he recordado conversando con el Dr. Vladimiro Álvarez Grau, que participó en la contienda y lo hizo con un slogan muy sugestivo, impactante: “¿Dónde está la plata?”. Desde la primera vez hasta la fecha que corre, la frase en boca de su autor es pausada y con mucho énfasis. Él se siente muy bien, en Guayaquil o en cualquier otra ciudad del Ecuador, cuando lo saludan y lo reconocen evocando su máxima. La “falta sempiterna” de recursos para combatir la corrupción e inseguridad, elevar la producción petrolera, mejorar la educación y la atención de salud, son suficientes ejemplos para explicar su vigencia plena.

A Álvarez Grau le sucedió lo que a otros tantos: “es un buen candidato, pero no voto por él”; el clientelismo siempre ha podido más. Más, “el hábito no hace al monje” y este ciudadano jamás ha perdido esa calidad, sea como estudiante, catedrático o directivo universitario, jurisconsulto de alto nivel, secretario de Estado o parlamentario, amén de gran familiar y amigo. Me quedo con lo de político, donde llegó sin proponérselo, casi que a la fuerza. Ministro de Trabajo y de Gobierno, en el régimen de Osvaldo Hurtado, desempeñados proactivamente: en el primero procurando siempre coordinar una buena relación con empleados y empleadores, y en el segundo, tratando de desactivar la oposición beligerante. Creó el Grupo de Intervención y Rescate (GIR) y fue precursor para que las mujeres formen parte de la Policía Nacional. En el gobierno de Jamil Mahuad ocupó las carteras de Educación y de Gobierno, con gran suceso. En ambos mandos su gestión fue de honradez total. En la diputación, en cambio, por oponerse a la amnistía que se pretendía para Abdalá Bucaram, fue golpeado salvajemente junto a Alberto Dahik y Jamil Mahuad, en el triste y vergonzoso episodio conocido como del “cenicerazo”. Jamás intentó venganza, más bien llamó a la paz, al perdón y a la armonía.

Nuestro personaje no volvió a la actividad política plena, sin embargo, hasta ahora mismo sigue siendo un analista serio, responsable y prestigioso de la realidad nacional. Tras largos años como profesor y Rector de la Universidad Católica Santiago de Guayaquil (1996-2001), paralelamente ejerció su profesión de abogado independiente a través de su propia firma, brindando asesoría legal a empresas y particulares en temas civiles y administrativos. Hoy, en el retiro de la academia y de la profesión, sigue siendo sencillo, modesto, familiar, de fácil conversación, admirado respetado, y no ha perdido la esperanza de que, más pronto que tarde, se sepa con exactitud dónde está la plata y esta sea puesta al servicio de los ecuatorianos, no al de unos pocos y que son los mismos de siempre.

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