Hoy quiero hablarles de una pregunta que muchos se hacen, aunque pocos se atreven a decir en voz alta:
¿Es posible tener elecciones limpias en el Ecuador?
¿O simplemente estamos condenados a vivir entre insultos, mentiras, manipulación y promesas vacías cada dos o cuatro años?
Me vienen a la mente muchos ejemplos, y estoy seguro de que a usted también, porque esto se ha vuelto parte del pan de cada día.
En las últimas elecciones vimos nuevamente campañas llenas de ataques personales, guerra sucia, noticias falsas y odio sembrado estratégicamente.
Pero también vimos algo distinto.
Vimos a un candidato que decidió hacer lo correcto: hacer campaña con propuestas y no con injurias, con datos y no con gritos, con ideas y no con odio.
Y entonces surge una pregunta incómoda:
¿Quién actúa con honestidad en política es ingenuo?
¿Quién no roba, no miente y no se vende… es tonto?
¿Quién mantiene principios… está fuera de la realidad?
Nos han querido hacer creer eso.
Nos han querido convencer de que para ganar hay que ensuciarse, de que para gobernar hay que pactar con lo peor y de que la decencia no sirve.
Pero la historia demuestra lo contrario.
La mentira puede ganar un momento.
La corrupción puede comprar una elección.
El miedo puede manipular una temporada.
Pero la verdad siempre termina imponiéndose.
Porque los pueblos despiertan.
Porque la gente se cansa.
Porque ningún engaño dura para siempre.
Hoy Ecuador vive atrapado entre extremos: unos que prometen salvación y reparten división; otros que hablan de cambio y repiten los mismos vicios.
Por eso muchos ciudadanos sentimos que hace falta una tercera vía.
No una tercera vía de tibieza.
No una tercera vía de oportunismo.
Sino una tercera vía de decencia, trabajo, orden, justicia social y sentido común.
Una vía donde el ciudadano valga más que el partido.
Donde el empleo valga más que el discurso.
Donde la educación valga más que la propaganda.
Donde la verdad valga más que el marketing político.
¿Utopía o esperanza?
Algunos dirán que eso es una utopía.
Yo digo que no.
Utopía es creer que los mismos de siempre van a cambiar el país.
Utopía es pensar que insultándose entre ellos resolverán los problemas del pueblo.
Utopía es esperar resultados distintos haciendo lo mismo.
Lo nuestro no es utopía.
Es esperanza organizada.
Es ciudadanía despierta.
Es gente buena que ya perdió el miedo.
Y cuando la gente decente decide participar… todo cambia.
Así que no, no somos ingenuos.
No somos tontos.
No somos idealistas desconectados.
Somos ecuatorianos cansados de lo mismo.
Y estamos listos para construir algo mejor.
El verdadero cambio
Porque Ecuador no necesita más salvadores.
Necesita ciudadanos valientes.
Gracias.
Si usted también cree que todavía se puede hacer política limpia… comparta este mensaje.
