Raíz Ciudadana despeja sus inquietudes incluso sobre temas de geopolítica de los estadounidenses.
“La Constitución de Estados Unidos permite remover a un presidente por incapacidad, incluso mental, pero no se trata de un juicio clínico, sino de una decisión política de alto consenso institucional. Por eso, aunque jurídicamente posible, históricamente es un mecanismo que nunca se ha aplicado y que resulta extremadamente difícil de activar”.
Hoy no hablemos de opiniones… hablemos de derecho constitucional.
La respuesta es clara: sí se puede, pero es extremadamente difícil.
La base legal está en la Vigésima Quinta Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos.
Esta norma fue creada en 1967 para resolver un problema crítico:
¿Qué ocurre si un presidente no puede gobernar?
Aquí entra el punto clave: la Sección 4.
Esta permite declarar al presidente “incapaz de ejercer sus funciones”.
Y atención a esto:
La Constitución no establece que la incapacidad deba ser únicamente física.
Esto abre la puerta a una interpretación que podría incluir:
- incapacidad mental,
- deterioro cognitivo,
- pérdida grave de juicio.
Pero aquí viene lo más importante:
No decide un médico.
No decide un juez.
No decide la Corte Suprema.
Deciden el vicepresidente y la mayoría del gabinete presidencial.
Si ellos declaran la incapacidad, el vicepresidente asume el poder.
Pero, si el presidente se opone —y esto es fundamental—, entonces decide el Congreso de los Estados Unidos.
Y para ello se requiere el voto favorable de dos tercios de ambas cámaras.
Es decir, se necesita un consenso político enorme.
Ahora hablemos de la realidad.
Esta norma nunca se ha aplicado para destituir a un presidente.
No existe jurisprudencia en Estados Unidos sobre incapacidad mental presidencial.
Es un mecanismo más político que médico.
¿Y en el caso de Donald Trump?
Sí, ha habido debates, presiones políticas y pedidos de evaluación.
Pero el verdadero obstáculo es este:
sin el apoyo del vicepresidente y del gabinete, el proceso simplemente no existe.
CONCLUSIÓN
La Constitución sí permite remover a un presidente por incapacidad, incluso mental.
Pero no se trata de un diagnóstico clínico.
Es una decisión política de altísimo nivel.
Y por eso, aunque jurídicamente posible, en la práctica es uno de los mecanismos más difíciles de activar dentro del sistema constitucional estadounidense.
CONCLUSIÓN FINAL
“La incapacidad presidencial en Estados Unidos no se prueba en un hospital… se decide en el poder.”
