8 junio, 2026

¿Qué son los hijos en la vida de los padres?

Son la continuación de nuestra existencia.
Ellos, muchas veces, terminan de hacer las cosas que nosotros empezamos.

Los hijos son la puerta de salida y entrada en nuestra vida. Desde que nacen y abren sus ojitos, ya parecen preguntar:
“¿Por qué estoy aquí? ¿Qué vine a hacer?”
Y la verdad es que no tenemos la respuesta.

Muchos dirán: “Nuestro hijo está aquí por nuestro amor”. Correcto. Pero él, ¿qué va a hacer con su vida?

Nosotros, como padres, tenemos que caminar junto a ellos y enseñarles lo que ignoran. Primero, agradecer por la vida; agradecer al Ser Universal que hizo posible la llegada de nuestros hijos al mundo.

Agradecer siempre a ese ser maravilloso llamado Dios.

Debemos enseñarles respeto hacia los padres y hacia todas las personas que forman el hogar, y continuar con esas enseñanzas hasta cuando ellos se alejen de casa y quieran tomar en sus manos su propio destino.

Los hijos son como un pedacito de corazón que vive fuera de nuestro cuerpo. Podemos vivir sin muchas cosas, pero no podríamos vivir sin ellos.

Para nosotros, los padres, un hijo es la razón que nos ofrece la vida para superarnos. Es entrar a una escuela y estudiar un curso intensivo sobre cómo amar a alguien más que a nuestra propia vida.

Los hijos nos ayudan a cambiar nuestras malas costumbres y nuestro comportamiento, cuando no es el correcto.

Tratemos siempre de ser mejores en todo aspecto, para convertirnos en un espejo brillante para ellos.

Cuando un hijo se enferma, el mundo se convierte para nosotros en un lugar invisible. El día se vuelve una noche eterna y sentimos que no podemos salir de ella. Nos vemos envueltos en el peor sufrimiento. Nos volvemos ermitaños, no deseamos hablar, aunque necesitemos hacerlo.

La enfermedad de un hijo es como sentir que nos quitan la vida lentamente. Pero siempre tratamos de luchar contra cualquier enfermedad que se presente.

Dejando a un lado las cosas tristes, diremos que los hijos son la creación más maravillosa que existe. Son nuestra vida desde que nacen. Transforman nuestra existencia con sus balbuceos, sus primeras palabras y luego cuando empiezan a caminar. Así, sucesivamente, se convierten en nuestro sol y nuestra luna.

Debemos guiarlos, cuidarlos y protegerlos, pero también darles libertad para que aprendan a cuidarse solos y entiendan que los padres no siempre estaremos junto a ellos.

Así aprenderán a valorar las enseñanzas del hogar donde nacieron, crecieron y se formaron.

“El mundo es ancho y ajeno”, dijo alguien alguna vez. Es decir, los hijos hoy están aquí, pero mañana pueden estar muy lejos. Sin embargo, si lograron comprender las enseñanzas de sus padres, siempre caminarán por el camino recto.

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