La guerra en ningún caso merece aplausos, aun cuando el planeta se halle geográficamente configurado con límites impuestos por ella. Si bien, sobre todo en los últimos 80 años, se ha desarrollado una gigante corriente poblacional que está en contra de la misma, no ha sido posible, sin embargo, impedir que estalle una y otra y otra por viejas o nuevas disputas de límites, intereses súper poderosos (petróleo, ubicación estratégica, tierras raras, etc.), diferencias religiosas, secesión, terrorismo y crimen organizado, entre otros motivos. Felizmente para la paradoja, no obstante, no ha llegado a producirse una tercera guerra de carácter global.
En todos los casos la guerra deja un enorme saldo trágico: muertos, heridos, catástrofe destructiva, pérdidas económicas multimillonarias, migración forzada, crisis sanitaria, medio ambiente más envenenado, etcétera, y como si nada anuncios y declaraciones de “victorias” que no son tales, no sólo porque la guerra arroja únicamente altísimas penurias, sino porque en realidad el “triunfo” bélico no es una expresión, es un hecho incontrastable. Lo dicho, en el caso de las guerras de Rusia y Ucrania y de Estados Unidos e Israel con Irán, es un claro ejemplo de vocinglería sin pruebas: ni Ucrania ni Irán se han rendido o capitulado, tampoco han colapsado, se han retirado o han sido aniquilados.
Hasta ahora, más bien, las victorias y triunfos de los que se da cuenta, son un espejismo forjado con fines políticos visibles. Los medios de comunicación más influyentes en los EE.UU. y en Europa en gran medida coinciden en que si de perdedores hay que hablar inequívocamente hay que hacerlo nombrando a Putin y a Trump, por qué no a Netanyahu, acusándolos de haber fallado en la aplicación de estrategias, de protegerse en aparatos propagandísticos muy bulliciosos, de no haber podido cumplir con sus amenazas y plazos, y por todo aquello de haberse quedado muy cortos en las expectativas creadas, sobre todo para sus seguidores.
En fin… ¡Qué pena, esas y otras guerras aún no terminan y ya se piensa en nuevas! Resulta apropiado, entonces, ese pensamiento de que “la guerra es un lugar donde se matan personas que ni se conocen ni se odian, por intereses de personas que se conocen y se odian, pero no se matan”. Mientras eso sucede, millones padecen hambrunas despiadadas, un súper déficit de agua y demás servicios básicos, gravísima desatención en la salud y otros males; y sigue la conquista de la luna, la masificación de la inteligencia artificial, la invasión de la robótica humanoide, la producción de autos sin conductor (sin volante ni pedales), etcétera. Así se vive en este planeta de las contradicciones. ¡Qué cosas!
