8 junio, 2026

La memoria es la materia prima de la historia

Hoy, cuando las elecciones seccionales están a la vuelta de la esquina, muchos me preguntan:
¿Por qué no he participado en política partidista?

La respuesta es simple… y dura.

Porque en el Ecuador, la mayoría de partidos políticos no son escuelas de democracia…
son estructuras de poder cerradas.

Todos lo sabemos.

Las decisiones no se debaten… se obedecen.
No se construyen colectivamente… se imponen desde arriba.

Existen dueños de partidos.
Y alrededor de ellos, un círculo de fieles, de aplaudidores y de candidatos reciclados,
que rotan de cargo en cargo mientras el ciudadano común queda fuera.

¿Y el que piensa distinto?

Es marginado. Es invisible.

Así no nacen líderes.
Así se fabrica dependencia.

Por eso, en los últimos 30 años, lo que hemos visto no son verdaderas alternativas…
sino outsiders momentáneos, sin estructura y sin proyecto de país.

Y, mientras tanto, una verdadera tercera vía…
una propuesta distinta…
sigue siendo bloqueada antes de nacer.

El problema no es solo político… es estructural.

Nuestro sistema electoral, lejos de fortalecer la democracia,
ha permitido que los movimientos se conviertan en marcas personales,
en herencias familiares,
en pequeñas monarquías disfrazadas de participación.

Aquí no se compite con ideas…
se compite con apellidos.

Y cuando el líder se desgasta, no se retira…
se esconde, espera…
y luego entrega el control a un hermano, a un hijo o a un incondicional.

Como si el país fuera una propiedad privada.

Pero la memoria es importante.

Desde 1830, el voto en el Ecuador ha sido obligatorio…
pero no siempre fue libre, ni transparente ni verdaderamente representativo.

Antes no había control.
Luego vino la cédula.
Después se amplió el derecho al voto…

Pero inclusión no puede significar manipulación.

El voto no puede ser un instrumento para utilizar a la gente…
debe ser una herramienta para representarla.

Por eso, hoy más que nunca, debemos preguntarnos:

¿Estamos votando por convicción…
o por costumbre?
¿Por propuestas…
o por percepciones?

La política no debería ser una vergüenza.
Debería ser un acto de servicio.

Y recuperar su dignidad no es tarea solo de los políticos…
es responsabilidad de todos.

Porque sin memoria…
no hay historia.

Y sin historia…
seguimos repitiendo los mismos errores.

Este no es un llamado a la apatía.
Es un llamado a despertar.

A cuestionar.
A exigir.
Y a construir una verdadera alternativa.

Porque el Ecuador no necesita más dueños del poder…

Necesita ciudadanos conscientes.

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