El sociólogo Neneto Avenzar, famoso youtuber e influencer de moda, tiene un curso intensivo en línea de lo que debe entenderse por los nuevos modales de la generación actual.
Aquí sus enseñanzas:
Basta del saludo del “buenos días” que lanzas al vacío, eso te hace invisible y pedigüeño de la contestación que nunca llega. Si saludas te pueden acusar de viejo y retrógrado y quedas como gil frente a tus amistades. No se te ocurra saludar ni al entrar ni al salir de una reunión.
No debes dar las gracias por educación sino por convicción. ¿Agradeces al banco por devolverte tu propio dinero? Dar gracias es cortesía convertida en burocracia emocional, es como agradecerle al sol por salir cada mañana: no lo hace por ti, lo hace porque no tiene otra opción. Si muestras agradecimiento el prójimo te puede manipular y creas enemigos.
Respetar la fila solo te hace llegar último. La fila es el laboratorio de la injusticia y vives en ella, el que se cuela siempre gana, si tienes paciencia terminas último. Hace bien el que atiende al colado pues beneficia al sistema. Respetar la cola te convierte en perdedor.
Dejar de interrumpir a quienes están en uso de la palabra en una reunión es morir de aburrimiento. Las reuniones sin interrupciones son eternas, soporíferas, pierden interés. La interrupción es el motor de la productividad. No interrumpir te condena a escuchar monólogos interminables y tediosos.
¿Quién fue el idiota que dijo eso? Me refiero a que no pongas los codos en la mesa… aunque sean tuyos. La mesa es territorio neutral, tus codos no son invasores. Poner los codos en la mesa te da aires de intelectual. Deberás usar gorra y al revés, estornudar, sonarte los mocos con la servilleta que para eso está y sobre todo hablar con la boca llena. Que nunca te limite enseñar al prójimo lo que estás masticando, el chisme produce saliva abundante necesaria para la digestión y siempre llega con el bocado más grande. Esta buena costumbre mantiene viva la comunicación. Debes estar pendiente del celular aún cuando estés en la mesa, y nada de mirarlo debajo del mantel como si tuvieses algo que ocultar. La buena costumbre dicta que el celular debe estar disponible y a la vista. Que una cena familiar no te impida revisar el WhatsApp.
Debes levantar la voz… salvo no quieras que te escuchen. Eso de que hablar bajito es elegante, es mentira. El que grita consigue atención, el que susurra consigue olvido. Es la metáfora perfecta de la política: los que hacen más ruido son los que terminan imponiendo su agenda.
Procura criticar al prójimo, es el deporte nacional. Se acabó el aforismo “no hay que hablar mal de los demás”. Hablar mal de todo el mundo en todas partes une a la gente. Nada crea más comunidad que un buen chisme compartido.
La vida no premia la cortesía, premia la contradicción. Así que ya sabes: si cometes el error de seguir creyendo en buenos modales… pierdes.
Hasta aquí las enseñanzas del maestro.
