Entre la memoria de su grandeza y la realidad del abandono
Saquisilí, históricamente reconocido como uno de los motores comerciales más importantes de la provincia de Cotopaxi, enfrenta hoy una realidad que preocupa a sus habitantes ¨la percepción creciente de estancamiento económico y abandono institucional¨; lejos de ser una simple sensación ciudadana, esta inquietud responde a una serie de factores estructurales que evidencian falencias en la gestión pública local.
Uno de los problemas más críticos es la baja ejecución presupuestaria, en términos simples, no se trata de que los recursos desaparezcan, sino de que no se utilizan de manera efectiva; cuando un municipio recibe fondos (ya sea del Gobierno Central o de sus propias fuentes) y no los invierte oportunamente en obras o servicios, ese dinero queda congelado o debe ser reprogramado. Este fenómeno no solo refleja ineficiencia administrativa, sino que también paraliza la economía local, afectando directamente a comerciantes, trabajadores y familias que dependen de la dinamización económica del cantón.
A esta problemática se suma la deficiente gestión de las ferias y mercados, que constituyen el corazón económico de Saquisilí; la falta de control en el cobro de tasas, la escasa modernización de la infraestructura y el abandono de espacios públicos generan una fuga de ingresos significativa. Como consecuencia, la actividad comercial pierde competitividad frente a cantones vecinos como Latacunga, Salcedo o Pujilí, debilitando la identidad comercial del territorio.
Otro elemento determinante es la ausencia de proyectos de inversión gestionados a nivel externo, en contextos municipales, gran parte del desarrollo depende de la capacidad técnica para acceder a fondos del Banco de Desarrollo o de organismos internacionales; la falta de iniciativas viables en áreas clave como agua potable, alcantarillado o vialidad no solo evidencia limitaciones técnicas, sino que representa oportunidades perdidas que podrían traducirse en millones de dólares para el desarrollo local.
El desequilibrio entre gasto corriente e inversión agrava aún más la situación, pues el incremento de la burocracia, el nepotismo y la priorización de intereses políticos sobre las necesidades ciudadanas han desviado recursos hacia el pago de sueldos, en detrimento de la obra pública; este modelo de gestión no solo limita el crecimiento del cantón, sino que profundiza la desconfianza ciudadana hacia sus autoridades.
Las consecuencias de esta realidad son visibles; la vialidad deficiente encarece el transporte de productos agrícolas y dificulta el acceso de visitantes; la falta de infraestructura turística y servicios básicos convierte a Saquisilí en un lugar de paso, en lugar de un destino. Además, la inseguridad jurídica y la excesiva burocracia desincentivan la inversión privada, cerrando aún más las posibilidades de desarrollo económico.
Detrás de estos problemas subyacen causas estructurales claras como la incapacidad técnica en la elaboración de proyectos, la inestabilidad política y una gestión ineficiente de los procesos de contratación pública. En la práctica, la falta de ejecución presupuestaria se convierte en una forma silenciosa de mala administración, donde los recursos que no se utilizan en beneficio de la población terminan siendo una pérdida directa para el futuro del cantón.
Sin embargo, la crisis de Saquisilí no es únicamente institucional, también interpela a la ciudadanía; el acostumbramiento al abandono, la falta de participación activa y las divisiones sociales (incluyendo tensiones entre sectores urbanos, rurales e indígenas) han debilitado la capacidad colectiva de exigir cambios estructurales.
Hoy más que nunca, el cantón necesita reconstruir su tejido social y político; la veeduría ciudadana, la denuncia de la corrupción y la participación activa en los procesos democráticos son herramientas fundamentales para revertir esta situación. Pero, sobre todo, es necesario un cambio de mentalidad: dejar de ser espectadores y asumir un rol protagónico en la construcción de un futuro distinto.
Saquisilí tiene historia, identidad y potencial, lo que está en juego no es solo su economía, sino su dignidad como pueblo; recuperar el rumbo implica exigir transparencia, promover la unidad y apostar por liderazgos comprometidos con el bien común, más allá de intereses particulares. Porque el desarrollo no llega por inercia: se construye con decisión, con participación y con una ciudadanía que no está dispuesta a ver cómo su tierra se queda atrás.
