Una fe que se expresa en la relación con Dios a través de la oración, el primero y principal de sus ejercicios diarios, y el CELO: la entrega incondicional y hasta cansarse a los muchachos
En De La Salle se conjugan acción y contemplación. Pero es un hombre que busca la interioridad para hacer intimidad con Dios y luego ir al encuentro con los Hermanos para compartir esta interioridad y. así, crear intimidad. Porque De La Salle ama profundamente y tiernamente a sus Hermanos.
Tocar los orígenes de nuestra Congregación, respirar el aroma fresco de los oficios fundacionales, poner los ojos en los primeros momentos de la Obra, es despertarse a un hombre -único y apasionante- que supo tocar, respirar, mirar a Dios con los ojos de la Fe.
Querer «refundar» el Instituto es abrirse de par en par al alma, al carisma, de este hombre que, de tanto orar, de tanto experimentar la Palabra de Dios, de tanto dejarse conducir por el Espíritu, se identificó con la voluntad de Dios. Se hizo «voluntad de Dios»‘, se hizo «Proyecto de Dios» . Se hizo «presencia de Dios». Empeñarse en dar alma a la Obra y hacer del Evangelio «la primera y principal Regla»‘
Tenemos «raíces de un orante» , que es igual a Raíces de Dios. No perder su iden-tidad, presentarse hoy con rostro, con personalidad definida, supone asumir el compromiso que él asumió. Todo su afán fue dejar a los Hermanos, además de su obra pedagógica, sobre todo, una Obra espiritual -sus escritos- donde el Hermano encontrase el alma para la escuela. Porque si es verdad que él dijo que no hagamos diferencia entre el empleo y la santificación… también es cierto que la frase no termina aquí, sino «con tal que lo hagáis (el empleo) con miras de Fe». Fe y Vida. Escuela y oración. Todo un legado en plenitud, en totalidad.
Tomado del Boletín Lasallano
