12 mayo, 2026

La no intervención no es opcional: una advertencia necesaria

La sindéresis, palabra que significa la capacidad natural para juzgar rectamente una determinada situación, por desgracia no es aplicada con mucha frecuencia por Gustavo Petro, presidente de Colombia. Permítanme explicarlo mejor:

1. El principio de no intervención como pilar del derecho internacional. El principio de no intervención constituye uno de los pilares esenciales del derecho internacional. No es una simple fórmula retórica ni un recurso diplomático de conveniencia; es la garantía mínima de respeto entre Estados soberanos. Cuando este principio se vulnera, no solo se afecta a un país en particular, sino que se erosiona la estabilidad de toda la región.

2. Límites al ejercicio del liderazgo. Ahora bien, las recientes declaraciones del presidente Gustavo Petro sobre asuntos internos del Ecuador plantean una legítima preocupación. Ningún jefe de Estado está facultado para opinar, cuestionar o influir en decisiones que corresponden exclusivamente al ámbito soberano de otro país. Hacerlo no fortalece la democracia ni el diálogo; por el contrario, introduce tensiones innecesarias.

3. La coherencia en la política exterior. Resulta además contradictorio que quien exige respeto irrestricto a la soberanía de su propio país adopte una postura distinta frente a sus vecinos. La coherencia no es un valor accesorio en política exterior: es un requisito fundamental para la credibilidad. No se puede reclamar no intervención mientras se practica lo contrario.

4. El derecho y deber del Estado ecuatoriano. Ante esta situación, el Ecuador, como Estado soberano, tiene el derecho y el deber de tomar sus decisiones sin presiones externas, vengan de donde vengan. La comunidad internacional ha construido, a lo largo de décadas, un sistema basado en el respeto mutuo precisamente para evitar que las diferencias políticas se transformen en conflictos mayores.

5. El peligro de la intromisión. La historia nos ha demostrado que las intromisiones, incluso aquellas que se disfrazan de opiniones o preocupaciones legítimas, abren la puerta a escenarios de confrontación que nadie desea. Por ello, es imprescindible recordar que el respeto a la soberanía no es negociable.

En momentos en que la región enfrenta desafíos comunes, lo responsable es fortalecer los canales diplomáticos, no debilitarlos con declaraciones que cruzan líneas innecesarias. Ojalá la razón ilumine a Petro y entienda que la no intervención no es una opción política: es una obligación jurídica y un imperativo ético.

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