Alrededor de los alineamientos políticos de los medios de comunicación social, convencionales y digitales, se tejen versiones que, finalmente, no son verdaderas ni falsas totalmente, pero en ambos casos sí tienen un acentuado interés al señalar a un único responsable: el gobierno central. El propósito, por lo menos desde Lenin Moreno a la fecha, es poner en duda el respeto a las libertades de prensa y de opinión. Sin perjuicio de ciertos actos intimidatorios o intervencionistas, o sospecha de “compras” de periodistas y de medios, la prensa en general aún desarrolla su trabajo con normalidad.
No son novedad los disgustos que provocan los medios a los gobiernos del Ecuador y del mundo, todo el tiempo. Tampoco sorprende que muchos de estos apoyen o censuren abiertamente al régimen de turno, y que otros tantos hagan sus mejores esfuerzos para mantenerse neutrales. Al margen de lo dicho, es pertinente recordar que los medios privados son empresas mercantiles como cualquier otra constituida para ganar dinero. La diferencia con las empresas es la responsabilidad de informar oportuna y verazmente -y cuando se opina es prohibido mentir, inventar, calumniar, difamar, injuriar, etcétera-, haciendo abstracción total respecto del que paga la publicidad, en centímetros en los impresos y en tiempo en radio, televisión y digitales. Y esa, por supuesto, siempre es una tarea complicada, pues se debe superar el conflicto de intereses para no sucumbir privilegiando la pauta en detrimento del compromiso cumplido de no faltar jamás a la verdad.
En Ecuador se observa de todo, feliz y lamentablemente igual como sucede en el resto del planeta. En el ámbito estrictamente político se necesita ser ciego o tonto para no darse cuenta del funcionamiento de medios declarados enemigos jurados o incondicionales y panegiristas del régimen de turno. Pero, como está dicho, la mayoría opera cumpliendo con el rol encomendado. Ni sobran ni faltan aquellos medios donde los columnistas son de pensar y decir todo lo que les parece, evidenciando su libertad para hacerlo, sin censura y sin intromisión. También, por qué no, debe haber donde se ejerce censura y presión.
Sin descartar que el gobierno, de ahora y de cualquier tiempo, “trabaje” para contar cada vez con mayor respaldo mediático, lo deseable es que por ningún motivo se ponga en aprietos la libertad de prensa o que se pretenda crear un monopolio estatal como sucedió durante 10 años consecutivos en época reciente, o tener medios públicos, financiados por los ecuatorianos, para convertirlos en órganos de propaganda. ¡Sería terrible!
