La espiritualidad de La Salle viene marcada por la Palabra de Dios. Chorrean sus Meditaciones, sus obras espirituales, textos bíblicos. Es un hombre de Espíritu y el Espíritu le lleva a la Palabra, fuente de vida y de acción. De La Salle da su espiritualidad desde la experiencia de Dios, desde la oración.
Pero en La Salle, orante, contemplativo, existe una «quinta esencia». Es su «leitmotif»: LA PRESENCIA DE DIOS. Juan de La Salle era un hombre de la presencia de Dios. Eso es el contemplativo: el que no hace rezos, sino el que se mantiene en constante presencia del Señor. Y esa es su fuerza, ese es el secreto de su compromiso, esa es la raíz de su fundación. Desde la Presencia de Dios, llegó a descubrir su vocación de Fundador. Y desde la presencia de Dios, fue al mundo de los muchachos pobres. Desde la presencia de Dios, en el mundo de los Hermanos. Su obra inicial se situó, se aclimató, se desarrolló en clima de Presencia de Dios.
De La Salle tiene su proyecto de vida. De los «veinte compromisos» del proyecto, «dieciséis» son sobre oración, sobre experiencias de Dios.
Un proyecto agarra lo nuclear de hombre, lo esencial de la Fe.
Su proyecto dio vitalidad a la Congregación naciente; su Fe fue la base de una Obra para la Iglesia.
Las Meditaciones de La Salle están saturadas de palabras como silencio, recogimiento, soledad, retiro, interioridad, apartarse del mundo, oración…
A veces, hasta parece machacón. Es pedagogo y ese es su arte: repetir su obra de cara a la espiritualidad que nos ha dejado es un reto a la FE.
Tomado del Boletín Lasallano
