El título es provocativo, mil disculpas- La intención es dar esperanza. La realidad nos desborda ¿Quién soy yo para ponerme en lugar de Dios, y decidir este seguro va al cielo y este al infierno? Ya san Juan Pablo II nos decía sobre la palabra cielo o infierno son existenciales no topográficas. Los poetas nos decían que el “infierno son los otros” y “el ser humano una pasión inútil”.
Lo cierto, para mi, meditando la historia de Jesús, es en el final de su vida, en su pasión y muerte donde valoro la vida de todos, mi vida. No entiendo la muerte. No deseo ni aguanto el dolor o la enfermedad, pero debo asumir conscientemente cómo la enfrento: ¿angustiado, desesperado o en la apuesta en la confianza básica? ¿Puedo confiar en medio de tantos límites, silencios, adversidades y fracaso? ¿Está la vida humana llamada a una mera destrucción, desaparición? La historia de Jesús nos habla de resurrección.
Y hablar de resurrección solo tiene sentido, no para descansar en el más allá o creer en él, sino para darle sentido al más acá. Creer en la resurrección ahora es creer en que los ideales, sueños pueden construir y dar sentido a una vida. Entonces el dolor se asume y se mira desde otra perspectiva. No lo acepto, pero lo enfrento con paz y esperanza. “Me siento abrumado por el dolor, pero no aplastado por la vida”.
A mi me ha impacto la historia de NOELIA CASTILLO, una chica de 25 años que pidió el suicidio asistido, mejor que eutanasia activa. Ya no quería vivir, su dolor más síquico que físico no lo aguantaba y nadie tiene derecho a decidir por otros cómo quieres vivir. Pero da qué pensar que la sociedad, las leyes, los profesionales de la salud ofrecen muerte, la fe cristiana te ofrece vida en medio de la muerte. Pero esta no se percibe, no es creíble en los códigos de la individualidad por encima de todo, de crisis de identidad y de decisiones que se toman por algoritmos o digitalmente, lo que hace una sociedad, juventud y personas más frías o más intolerantes.
“Descansa en paz Noelia”. Es el artículo que aquí resumo y que solo quiere respetar una historia, pero ayudar a pensar que no haya más este tipo de historia. Y para ello el foco no está en legalizar ni desarrollar las técnicas de “muertes dignas”, sino pensar y desarrollar VIDAS DIGNAS, cuando sabemos desarrollar lo que somos, lo que queremos, lo que nos hace humanos.
“Queremos que se haga todo lo posible para ayudar a quien piensa en la posibilidad de una eutanasia a redescubrir, en cambio, su dignidad y a no rechazar esa realidad bendita que es vivir.
Esto no quita que sea legítimo debatir también sobre el contexto en el que se ha producido ese gesto, aunque sepamos que la vida hasta es un bien… en línea de principio.
Yo recordaba, no solo ahora por Noelia Castillo, sino por cada criatura que se enfrenta a un dolor que llega a vivirse sin esperanza. Hay un umbral muy doloroso respecto al cual cualquiera, incluso una persona joven como es el caso, puede entrar en la otra cara… el de la desesperanza.
A menudo los seres humanos solemos recurrir a una frase para consolar a alguien que está pasando por un mal momento: “No te preocupes, la esperanza es lo último que se pierde”. Y parece que todos nos agarramos a ese dicho para convencernos de que todo tiene solución en esta vida… menos la muerte.
No me cabe la menor duda de que la esperanza es el motor que nos conduce hacia delante. Pero, de la misma manera, también creo que en situaciones en las que parece no existir una salida, esa esperanza puede ser lo primero en difuminarse… hasta desaparecer… y perderse.
Una segunda resonancia amplía el círculo: «¿Pero quién cuidaba de ella? ¿No tenía a nadie cerca que la apoyara?». La cuestión es espinosa. Algunos nos hemos visto en ella: ¿se puede ayudar a alguien que tal vez ya no quiere ser ayudado? ¿A alguien que es tan consciente de su fragilidad que decide abandonar la lucha y dar por perdido el combate?
La tercera resonancia podría sonar así: «¿Qué hay que cambiar en nuestra sociedad? ¿Qué hay de individual o personal (y, por tanto, irreducible) y qué hay, en cambio, de estructural (es decir, reformable y revisable) en nuestra sociedad en este tipo de fenómenos como el Noelia?
La historia de Noelia Castillo toca fibras profundas y me impone silencio, respeto y compasión. Ante el dolor real y el deseo humano de no sufrir, el primer impulso no puede ser otro que la compasión. La forma lúcida y pública con la que Noelia comunicó su decisión también merece respeto.
Se puede estar sinceramente conmovido por su historia, llorar su fin y, al mismo tiempo, preguntarse si una sociedad que reconoce jurídicamente el derecho de la eutanasia no está dejando de ofrecer un horizonte de esperanza a los más frágiles.
La mía es una pregunta. No es una afirmación. Es solamente una duda. La afirmación de la primacía de la vida como don no puede ejercerse en detrimento de quienes no reconocen ese don o ya no lo quieren. Si la vida es un don, debe seguir siendo un don y no convertirse en un yugo. Y todo apunta a que para Noelia Castillo era un yugo insoportable.
La verdadera cuestión social hoy no es juzgar una elección tan dramática como consciente, libre y soberana de Noelia Castillo, sino esperar que nuestra sociedad siga invirtiendo todo lo que pueda en cuidar también y muy especialmente de las fragilidades.
Hay para mí, discípulo de creyente cristiano, una última resonancia que me atrevo a señalar en voz tan libre como discreta: una palabra de Jesús que resuena en mí en acontecimientos de este tipo, y a la que yo mismo, con temor y temblor, me he atrevido a hacer referencia al presidir funerales de hermanos y hermanas fallecidos: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y oprimidos, y yo os daré descanso».
Adiós, Noelia. Descansa en aquella Paz que deseaste, porque la soñaste y te pertenecía, y que aquí no sentiste encontrarla en nosotros. (Joseba Kamiruaga Mieza CMF. Religión Digital).
PARA PENSAR
¿TENEMOS DERECHO A JUZGAR A LAS PERSONAS EN SUS DECISIONES DE VIDA?
Nunca, pero sí pensar las respuestas para otras generaciones.
¿Qué PODEMOS HACER ANTE EL SINSENTIDO DE LA ENFERMEDAD, MUERTE Y VIOLENCIA QUE PRODUCE TANTO DOLOR?
Confiar y combatir
¿Cómo AYUDAR A DAR SENTIDO?
Cargando el yugo de otros.
