La Semana Santa no es solo una tradición religiosa. Es también un tiempo de reflexión profunda sobre la condición humana.
Uno de los pasajes más simbólicos del Evangelio es el de las tentaciones de Jesús en el desierto.
El tentador lo desafió con tres ofertas aparentemente irresistibles: convertir las piedras en pan, lanzarse desde lo alto del templo para que los ángeles lo salvaran y dominar todos los reinos del mundo a cambio de adorarlo.
Jesús rechazó cada una de esas tentaciones. No eligió el camino fácil. Eligió la coherencia, la dignidad y la fidelidad a sus principios.
Hace pocos días, en una homilía, un sacerdote recordaba este episodio con un mensaje que trasciende lo religioso. No hablaba solo a los creyentes. Hablaba a todos.
Su llamado era claro: aprender a resistir las tentaciones modernas.
Porque hoy también existen tentaciones: tentaciones de poder, tentaciones de comodidad, tentaciones de dinero fácil, tentaciones de aceptar lo incorrecto simplemente porque “todos lo hacen”.
El ser humano, frágil por naturaleza, muchas veces prefiere aquello que promete felicidad inmediata, sin esfuerzo ni responsabilidad.
Y así, poco a poco, se instala una peligrosa indiferencia social: el “qué me importa”.
Ese “qué me importa” termina justificando todo, normalizando todo.
Mientras tanto, los discursos vacíos y la hipocresía política de mi cantón Antonio Ante pretenden convencernos de que todo está bien.
En esa misma homilía, el sacerdote dijo una frase que merece detenernos a pensar:
“Más que calentamiento global, lo que vivimos hoy es un enfriamiento moral”.
Y quizás tenga razón.
Cuando se enfría la conciencia colectiva, crecen la corrupción, el abuso del poder, la manipulación política y la degradación de la convivencia social.
Las tentaciones siempre existirán, pero también existe la capacidad humana de resistirlas.
La pregunta es simple:
¿Qué tipo de sociedad y cantón queremos construir?
¿Una sociedad de indiferencia… o una sociedad de responsabilidad y valores?
El calentamiento global es una realidad que preocupa al mundo. Pero elevar la temperatura moral de nuestra sociedad es una tarea urgente en nuestro propio territorio, en nuestras comunidades y en nuestro cantón Antonio Ante.
Y si hay un momento para comenzar ese cambio, ese momento es ahora.
Es tiempo de Cuaresma. Es tiempo de reflexión.
Es tiempo de recuperar principios, conciencia y responsabilidad ciudadana.
Porque las sociedades no cambian solo con discursos. Cambian cuando la ciudadanía decide despertar.
Y cuando la conciencia colectiva vuelve a tener confianza y fe en la raíz ciudadana.
