El amor es el máximo logro de una vida humana. “Se podría citar miles de frases de diferentes pensadores, poetas, autores de ensayos que afirman que el amor es lo máximo en la vida de los humanos, como lo hace Manuel Cruz en su libro, “Amo, luego existo”:
El amor es la única respuesta al problema de la existencia humana (E. Fromm). Solo el amor define al ser humano (F. Martínez). El amor da la vida, y no hay vida más que en el amor (J. Moingt). Amar es vivir (M- Iceta). El amor es la mayor fuerza del mundo y sin embargo, la más humilde (Gandhi). Solo quien ama vuela (M. Hernández). Amar a alguien es decirle tú no morirás nunca (G. Marcel).
Nuestro ser se proyecta amando. Ese impulso inicial –eros- busca un placer legítimo, lo hace por la necesidad de expansión, autorrealización y de plenificación. Pero, al mismo tiempo el amor es la necesidad de un impulso pasivo en nosotros, necesitamos ser amados. Sentimos la necesidad que alguien nos acompañe en nuestra soledad, de que alguien nos apoye en nuestra fragilidad. El amor es lo que más nos humaniza, al que ama como al que se siente amado. Amar no es un mero sentimiento, ni declaraciones románticas, es sobre todo una forma de gestionar la vida en relación con los demás: Obras son amores y no buenas razones. Si el amor se sentimentaliza o se espiritualiza demasiado termina por diluirse, por desaparecer, por morir (F. Martínez, la Búsqueda de la felicidad. Pág 406).
Los hombres y mujeres podemos ver superficialmente, no solo porque no hemos desarrollado lo capacidad interna de ver hondo, somos ciegos, o porque la dura realidad espanta lo que hoy se vive en el mundo de la política, de las relaciones entre naciones en especial entre las poderosas o de estas con las menos fuertes, sino porque nuestros intereses y la forma de pensar digital hoy nos hacen conectar por algoritmos y no desde el corazón. ¿Qué es lo humano? ¿Qué es lo que nos hace humanos? Cada vez es más incierta esa respuesta.
Los hombres y mujeres de fe lanzamos un suspiro al más allá, pero muchas veces nos olvidamos del más acá. Hoy cuando estamos en la quinta semana de cuaresma, nos prepara verdaderamente para vivir el misterio pascual no solo el jueves de la cena del Señor, ni la gran pasión, el viernes santo, sino el sábado de gloria, la pascua cuyo mensaje nos dice que la muerte no tiene la última palabra y “el amor es más fuerte que la muerte” por haber encontrado el sentido de la vida, dando vida. Porque vale la pena el apostar por algo que vivir por nada.
Lo esencial de esta época es que solo si comprendemos la vida humana de Jesús, captaremos su presencia y densidad divina, cuando se haya afirmado, sanado y elevado lo humano. Es decir, solo un Dios que sufre puede salvarnos, decía un experto. Solo viviendo humanamente experimentamos lo divino, hacemos presente el proyecto de un Padre Creador, pero sobre todo amante de la vida.
La grandeza de Jesús está en que nos amó de verdad, pero el amor lo podemos entender de muchas maneras, todas a la manera humana, como en la introducción de este escrito hemos señalado. Lo sano para vivir es amar, eso nos enseñó la humanidad de Jesús, allí está su grandeza en revelarse en la dinámica de lo que es el ser humano, un ser que se abre a lo infinito desde su realidad finita. Que el ser humano no está llamado a la muerte. Sino que la muerte es la realidad más cierta de cada día, porque es nuestra compañera de la historia y de la finitud. Solo el amor nos hace soportable la dureza de la vida y nos encanta de belleza en nuestra plenitud de entrega cuando acogemos, cuidamos la vida.
El versículo más corto de la biblia (Jn 11:35), nos revela la grandeza del hombre Jesús y el misterio del Hijo de Hombre que fue enviado a rescatar la amistad de su pueblo, el cariño de su gente: “Tanto amó Dios al mundo, que envió a su único hijo para salvarlo” (Jn 3, 16).
La única forma de experimentar el amor es con gestos, símbolos, acciones bien concretas, no hay nada más concreto para manifestar el amor que una lágrima bien sincera. El llanto de Jesús por su amigo, por consolar y solidarizarse con sus amigas Marta y María, hermanas del difunto es la expresión más real de una amistad humana y de mucho tiempo que fue reconocida por la gente del pueblo: “cuánto los amaba”. Y es el amor lo que salva y engrandece la vida.
El amor humano de Jesús no es mero sentimentalismo ni puro humanismo que reduzca la trascendencia de Dios. Es lo simbólico del ser y hacer de Jesús que embellece y concretiza el amor real del Misterio Divino. Jesús no solo expresa lo mejor de lo humano, el amor y el dolor expresado en el llanto. No solo llora, confía, invita a sus amigas en especial a Marta a creer ¿crees que vengo de nuestro Padre Dios y este no falla? –Responde Marta, creo y sé que todo lo que le pidas te lo dará- Y eso hace Jesús levanta los ojos y pide que la vida de Lázaro se llene del Espíritu, pero para eso, hay que quitar las piedras del egoísmo, levantarse y sacar lo mejor de lo humano y desatarnos las vendas del miedo y el sinsentido- Entonces el amor no falla, da siempre otra oportunidad, manifiesta la verdad profunda: nuestra vida está en manos de Dios
PARA PENSAR
¿PODEMOS DEFINIR EL AMOR?
Jamás, solo describe
¿Con qué frase puedes describir un amor real?
Te puede ayudar: amar a alguien es decirle tú no morirás nunca (G: Marcel)
¿Cómo EXPERIMENTO EL AMOR HUMANO JESUS?
Llorando y confiando
