Hoy quiero compartir con ustedes la opinión de un reconocido jurista ecuatoriano: Javier Zavala Egas, autor de la opinión “Fachos sin culpas ni rodeos”.
Lo hago a propósito de dos hechos que, aunque parecen coincidencias, podrían no serlo… y que, sin duda, traerán mucha cola.
El primero.
Tuve la oportunidad de visitar Europa por primera vez. Recorrí la Europa medieval y la moderna mientras realizaba una investigación académica en la Universidad de Navarra, en España, entre el 10 y el 29 de octubre de 2024.
En ese contexto, revisando diagnósticos sobre la realidad del Ecuador, encontré una afirmación inquietante: el país estaría entrando en una situación de quiebra moral y del Derecho.
Una advertencia seria. Profunda, que a pocos les importa.
Y, al contrastarla con la opinión del jurista guayaquileño, pareciera que esa advertencia se está cumpliendo… casi como una premonición.
Por eso hoy la vuelvo a poner en aviso al ciudadano.
En declaraciones al diario Expreso, el jurista afirmó textualmente:
“En Ecuador, están dadas todas las características de un gobierno fascista que lo asume como tal, sin necesidad de adornos ni culpa alguna”.
Una frase fuerte. Directa. Sin rodeos.
Y agregó algo aún más preocupante.
Algunos —dijo—, en su plena ignorancia, no tienen la más leve idea de lo que significa el fascismo. Otros, en cambio, lo llevan con orgullo.
Lo asumen como si fuera un símbolo de estatus social, de poder económico, incluso —quién sabe— hasta de privilegio genético.
Pero lo más alarmante es que no se percibe ni un gramo de culpa. Ninguna.
Y eso, pese a que en sus más notorios exponentes históricos encontramos nombres que la humanidad jamás debería olvidar: Benito Mussolini y Adolfo Hitler.
Figuras que marcaron uno de los capítulos más oscuros de la historia contemporánea.
Esto, trasladado a mi cantón Antonio Ante, guardando las distancias, pretende emular aquellas experiencias mediante estrategias de comunicación en las que el alcalde o el prefecto encarnan al pueblo, se presentan como voces legítimas y concentradas en sus propios intereses.
Un liderazgo que no admite matices. Que no tolera disenso.
Ese es el primer hecho.
El segundo hecho viene a mi memoria con igual fuerza.
Este mismo jurista notable fue parte del llamado Trujillato, el período político vinculado al liderazgo de Carlos Pólit y de los procesos institucionales oscuros derivados de esa etapa en el Ecuador reciente.
Más allá de simpatías o antipatías políticas, lo que está en juego no es una persona ni un gobierno específico.
Lo que está en juego es el Estado de derecho y la comunicación con el ciudadano.
Europa vivió momentos en que la degradación institucional no fue percibida a tiempo. Cuando se normalizó lo inaceptable. Cuando se aplaudió lo que después se lamentó.
La historia enseña, pero solo a quienes están dispuestos a escucharla.
Hoy, frente a estas advertencias, la pregunta no es si estamos de acuerdo o no con el jurista.
La pregunta es:
¿Los anteños estamos prestando atención a lo que hacen las autoridades?
Porque cuando la culpa desaparece del discurso público, cuando el poder se ejerce sin límites y cuando el líder pretende encarnar al pueblo entero y reelegirse por motu propio, sin rodeos, ya no es culpa del alcalde o del prefecto, sino de quienes los respalden en las elecciones del 2027.

Totalmente en desacuerdo.
Fascismo es por definición una ideología que propugna un super estado, todo dentro de el , nada fuera de el; por tanto un gobierno que fomenta la empresa privada, es totalmente lo opuesto.
Es el izquierdismo galopante el que ha acuñado el término para endilgarlo a quienes se les oponen, siendo ellos, los mas afines a dicha ideología.