Hay religiones que no permiten hablar de Dios.
Exigen a quienes profesan su fe una obediencia ciega, basada en la aceptación sin cuestionamientos de los dogmas de fe.
El dogma se define como la creencia ilógica de una supuesta certeza.
La fe, como el creer en algo cuando el sentido común nos dice lo contrario.
Los dogmas son argumentos creados por hombres comunes para manejar los intereses de las religiones que tienen bajo su cuidado.
Son pensamientos ilógicos que nos hacen creer como lógicos, para tratar de explicarnos aquello que no pueden explicar.
Mediante el manipuleo de la fe, obtienen el poder para controlar a sus fieles.
El creador nos ha otorgado nuestra inteligencia para que la usemos.
La conclusión resultante del enfrentamiento con la duda es la que fortalece la verdad de aquello que se busca.
El otro día estaba pensando en Dios y se me ocurrió preguntarme:
¿De qué sirve ser Dios?
Me contesté a mí mismo que el todopoderoso debe tener una existencia bastante aburrida.
¿Cómo se divierte Dios?, me pregunté.
¿Con qué pasatiempo se puede distraer para salir de su eterna rutina?
¿Qué puede motivar a Dios para ser un Dios superior al que lo ha sido?
¿Qué debe hacer para optimizar su desempeño?
¿Cómo puede competir con otro Dios que sea mejor?
El creador carece de la posibilidad de comparar lo que ha creado con otra existencia creada por otro creador.
No puede saber si lo que ha hecho, desde que fue hecho, ha sido bien hecho y cumplió su cometido.
Me imagino que, antes de hacerlo todo, se puso a pensar en lo que quería y cómo lo debía hacer.
Imagínense lo frustrante que debe ser para el omnisapiente el no poder aprender nada por saberlo todo.
¿Cómo puede instruirse para progresar quien ya lo sabe todo?
¿Qué puede despertar su curiosidad si sabe las respuestas de todas las preguntas?
Siendo omnipotente, le está negado el conocimiento de nuevas ideas porque sabe todas las ideas.
¿Cómo Dios puede tener esperanza si solo tiene certezas?
¿Qué misterio puede tener la existencia de quien sabe todo lo que ocurrirá antes de que ocurra?
En la ignorancia del misterio humano está la aventura del vivir.
Si el hacedor decidiera cambiar de lugar a dos planetas, carecería de sentido su decisión, porque antes de tomarla ya sabría las consecuencias.
Un conocedor del destino no puede tener ilusiones.
Tampoco tiene que luchar para conseguir un objetivo, porque nada le es imposible.
Todo lo que haga no le costará hacerlo, porque todo puede hacerlo.
No puede tener sueños, porque aquello que sueñe lo convertirá en realidad.
Dios no tiene misterios; solo certidumbres.
Ni siquiera puede discrepar con otro Dios, porque no tiene otro Dios para discrepar.
Dios es único.
No puede haber dos iguales ni diferentes.
Si fueran iguales, serían uno mismo; y si fueran diferentes, se destruirían.
Dios es un ser lleno de amor que no puede dar amor a otro Dios.
No tiene con quién compartir lo que ha logrado como Dios.
Carece de una compañía de su mismo nivel para celebrar sus alegrías o consolarse en sus derrotas.
Algunos dirán que Dios ama de una manera que no podemos entender.
Si eso fuera cierto, quien lo afirma sería Dios, porque sería el único que podría entender su manera de amar.
Mucha gente habla en nombre del creador.
Dios no habla; solo escucha.
Eres tú quien debe encontrar sus respuestas.
La relación entre el hombre y Dios solo le compete a su conciencia.
Dios es un Dios para todos, incluso para quienes se avergüenzan de él.
Es imposible no encontrar su presencia en lo que nos rodea.
Hasta un ciego puede verlo en todo lo que existe.
Nuestro cuerpo es la prueba tangible de su vigencia.
La coordinación maravillosa de sus funciones y la intrincada complejidad de su estructura son pruebas de la existencia divina.
Debe ser un contrasentido para la ilimitada tolerancia divina que se pretenda patentar su nombre como una franquicia exclusiva de algunas religiones.
Las religiones son caminos diferentes del entendimiento humano para llegar al creador.
Muchas doctrinas son excluyentes y segregacionistas.
Algunas afirman que solo quienes profesen su fe se salvarán.
Otras, de carácter machista, no admiten mujeres en el sacerdocio.
Dios no puede ser masculino ni femenino, porque sería excluyente para el sexo opuesto.
El todopoderoso no puede tener una imagen humana, habiendo tantos habitantes en los infinitos universos.
Quienes dicen hablar en su nombre propagan una falacia para imponer una forma de vivir.
No entiendo cómo se crean imágenes del ser supremo, si nadie lo ha visto ni se ha registrado su figura en ningún testimonio.
Es absurdo que un pedazo de barro moldeado por el hombre, bendecido por el hombre, pase a ser divino en su nombre.
A mí me obligaron a creer en el purgatorio.
En la misa diaria del colegio me hacían rezar por las almas que, según nos decían, sufrían para purificarse.
Sin embargo, hace pocos años se abolió el purgatorio por decisión de la autoridad eclesiástica.
¿A dónde se fueron esas almas?
¿Para qué me hicieron rezar por ellas?
¿A quién le sirvió?
El Altísimo jamás habló de cielo, infierno o purgatorio.
Nos han llenado de mitos y fetiches que el omnipresente nunca creó.
Por el miedo a Dios nos controlaban.
Cuando era niño, se nos prohibía bañarnos en el mar durante Semana Santa porque nos convertiríamos en peces.
Las playas quedaban vacías mientras las iglesias se llenaban.
Se imponían ayunos y penitencias como exigencias divinas que nunca fueron dichas por el creador.
Todo se sustentaba en el temor hacia un Dios castigador que, en realidad, se presenta como un ser de bondad infinita.
El objetivo era controlar a las personas a través de su conciencia.
Resulta cuestionable que se solicite dinero en su nombre.
El omnipotente nunca lo ha hecho.
Se ha convertido en un sistema que, en muchos casos, sostiene estructuras de poder, lujo y privilegios.
El hacedor ha puesto dentro de nosotros principios esenciales.
La conservación de la vida, la perpetuación de las especies y el no hacer a otros lo que no queremos que nos hagan son leyes universales que no necesitan ser aprendidas.
El ser humano tiende a dañar aquello que intenta controlar.
La sencillez ha sido reemplazada por la ambición.
El ambicioso no necesita a nadie; solo se necesita a sí mismo.
Para que todo siga igual, es necesario que algo cambie.
Por eso, el creador nos dio la capacidad de pensar.
La existencia divina, vista desde esta perspectiva, parece solitaria, exigente y profundamente distinta a la experiencia humana.
Soy un libre pensador que busca comprender qué sentido tiene, incluso para Dios, seguir siendo Dios.
