La deuda pública registra un desenfrenado aumento que imposibilita todo intento de recuperación económica, por mínima que sea o en la cadencia que fuese. Así, el país estará siempre abocado a devengar mayores capitales e intereses, succionando recursos del erario en formato de impuestos “escondidos”. Este gravamen encubierto retira circulante del mercado, reduce el poder adquisitivo del ciudadano, restringe el consumo en general, comprime la economía.
Una conducción económica sostenible debe regirse ortodoxamente. Es decir, sin “milagros” para revertir los resultados. En resumen: el país necesita producir más y gastar menos. La cruda realidad: una producción cada vez menor y un gasto mucho mayor. Los Estados “nunca quiebran”, pero en la práctica, el estallido social podría al final calificar la salud económica de un país.
El Gobierno cumple a rajatabla sus compromisos de deuda externa, no así las obligaciones internas con sus proveedores, GAD, etc. Los presupuestos ejecutados, como el de Salud —medicinas incluidas— sufren, más allá de la inoperancia, el embate por financiamiento externo y el servicio de dicha deuda.
Alcanzar crecimiento económico, a pesar del notable endeudamiento, es posible, pero requiere de: disciplina fiscal, menos impuestos, un PGE base cero, un arancel mínimo y universal, etc., y, sobre todo, institucionalidad. Empero, mientras el cortoplacismo político supere a la ortodoxia económica, la reconversión seguirá esperando por una decisión superior cuyo aplazamiento solo arrastrará mayor pobreza.
GAD. Gobiernos Autónomos Descentralizados
PGE base cero. Gastos justificados desde cero sin consideración de Presupuestos Generales del Estado previos

La guerra contra el narco tráfico tiene su costo ineludible no lo olvidemos