No hay mayor verdad que la que se lleva por dentro.
Si hoy tuviera que partir, no me arrepentiría de nada.
Mi vida ha sido una hermosa aventura. El tiempo que viví fue maravilloso; en mi memoria predominan los recuerdos buenos.
Mientras recorría mi camino, sabía que había solo dos maneras de hacer las cosas: hacerlas de cualquier manera o hacerlas a mi manera.
Yo las hice a la mía.
A pesar de los múltiples errores que tuve, mi trayectoria ha sido limpia, transparente y sin dañar conscientemente a nadie.
Te preguntarás cómo supe si lo que hice fue correcto.
Para saber si lo que haces es correcto, aquello que hagas debe tener dos condiciones.
La primera es que lo que hagas te haga feliz.
La segunda es que lo que hagas no lastime a quienes amas.
No es difícil hacer lo correcto.
Lo difícil es saber qué es lo correcto.
Pero cuando se sabe qué es lo correcto, es imposible no hacerlo.
El buen juicio es el resultado de la experiencia, y la experiencia es el resultado de los malos juicios.
Todo tiene que ver con la conciencia. Esta es el acto del espíritu que, antes de hacer algo, nos dice lo que se debe hacer y, después de haberlo hecho, juzga lo hecho.
Desde pequeño supe que todo me saldría bien.
Tenía la sensación de poseer algún tipo de ventaja intangible sobre los demás.
Estaba convencido de que los imposibles solo eran posibles para mí.
En cualquier situación, sabía que con lo que hiciera, y sabiendo que nadie más lo haría, los acontecimientos se darían.
Siempre supe que morir es lo único cierto del vivir.
La muerte es la única circunstancia de la que no se sale con vida.
Sin embargo, nunca me sentí más vivo que cuando estuve más cerca de morir.
El hombre más seguro de sí mismo que he conocido soy yo.
De alguna manera sabía que las cosas me sucederían de la manera en que yo las concebía.
Si como consecuencia no hay consecuencia, debes repetir lo que hayas hecho.
Nada evita ser uno mismo en el momento de satisfacer sus necesidades.
A fin de cuentas, todas las acciones del ser humano están encaminadas a obtener el mayor placer o a tener el menor dolor.
Todo lo que puedas imaginar es real.
La vida es un mutismo misterioso que confluye para romper silencios.
Lo maravilloso de la existencia es su secreto.
La supervivencia es una cuestión de persistencia y convicción.
Todo está contemplado en la velocidad del vivir.
Fui consciente, desde que tuve conciencia, de que en mi camino siempre habría algo más de lo que yo podía esperar.
Cuando era niño tenía miedo; no podía remediarlo.
Sufría con cada idea macabra que habían introducido en mi conciencia y que dominaba mi razón.
Cuando crecí descubrí que solo se le tiene miedo a lo que no se conoce.
Solo se teme lo que no se puede comprender.
La manera de no tener miedo está en descubrir su causa.
Por mucho terror que sentía, cuando descubría las razones que causaban mis miedos, estos desaparecían.
Ahora solo tengo miedo de tener miedo.
Me hicieron creer en un Dios que se encontraba limitado a la doctrina que me enseñaron.
Mi concepción del creador fue un accidente geográfico de nacimiento.
Si hubiera nacido en otro continente, mi concepto del ser supremo sería diferente.
Perdí gran parte de mi vida aprendiendo cosas inservibles.
Memorizaba las cosas que quería olvidar.
Me decía a mí mismo que si no se sabe todo, no se sabe nada, puesto que todo se relaciona con todo.
Es falso que solo con el conocimiento podamos encontrar la explicación de los misterios.
Puede haber más sabiduría en la inteligencia analfabeta de un indígena que en el complejo conocimiento académico de un científico que solo puede mirar el mundo a través de su microscopio.
Lo que existe solo existe porque lo podemos concebir.
El tiempo es intemporal; carece de tiempo.
En realidad, nunca ha existido; es un invento humano para dar sentido a la experiencia.
Nuestro presente es la única realidad.
El pasado se acabó; el futuro ni siquiera empieza.
El presente es una existencia entre dos inexistencias, y nada puede existir entre dos inexistencias.
La vida es una ilusión de realidad.
Antes me creía más inteligente mientras más complicadas fueran las cosas que trataba de entender.
Ahora sé que la sabiduría se encuentra en las pocas cosas que realmente se tienen que saber.
Uno de los beneficios de la madurez es el reordenamiento de las prioridades.
Los humanos estamos convencidos de que somos el centro del universo.
Pensamos que las cosas son importantes si nos importan a nosotros.
Hemos sido lo mismo desde siempre y seguiremos siendo lo mismo para siempre.

que lindos pensamientos propios de una vida justa