11 abril, 2026

Hitos históricos Femeninos (II)

GUAYAQUILEÑAS EN ACONTECIMIENTOS NACIONALES

Las mujeres no fueron “actrices secundarias”, participaron decididamente en las actividades revolucionarias, aunque el registro histórico es escaso.

En la Columna de los Próceres que se levanta en el Parque Centenario en la ciudad de Guayaquil, no constan nombres de mujeres, aunque los historiadores reconocen que participaron activamente en la causa independentista. 

Hay poca documentación histórica que dé cuenta de la participación femenina en el proceso independentista de Guayaquil que se cristalizó finalmente el Nueve de Octubre de 1820. No se ha efectuado una investigación amplia al respecto. Pero sin duda estuvieron ahí, coinciden los historiadores guayaquileños Jenny Estrada Ruiz y Ángel Emilio Hidalgo. Su aporte en todos los ámbitos de la sociedad local se mantiene en 203 años posteriores.

La saga de tragedias (piratas, incendios, pestes), sufridas por los habitantes de Guayaquil desde los primeros siglos del período colonial forjaron y fortalecieron el carácter de la mujer porteña y su participación directa en los asuntos de la comunidad, porque eran ellas quienes debían asumir y resolver los problemas cuando sus esposos, padres o hermanos morían asesinados por los piratas o por enfermedades. Al tiempo de la Independencia la población de la ciudad era relativamente pequeña y desde que el proceso independentista comenzó a gestarse las mujeres deben haberse involucrado directa e indirectamente porque el tema de la libertad era compartido en las tertulias familiares y de amigos” nos dejó referido la historiadora Estrada.

Hidalgo señala que se ha considerado a las mujeres como “actrices secundarias” de la Independencia, “cuando en realidad también pelearon en el campo de batalla, montaron a caballo, empuñaron las armas, organizaron las vituallas en el Ejército, confeccionaron los uniformes y cocinaron para las tropas…”.

Ambos citan varios episodios en los que quedó registrado su apoyo decidido a las actividades revolucionarias de sus familiares y amigos.

Así, recuerdan a Isabel Morlás, quien a sus 14 años le pide a José de Villamil que haga una fiesta en su casa para recibir al joven militar venezolano León de Febres Cordero; la reunión fue organizada por la cónyuge de Villamil, Ana Garaicoa, el 1 de octubre de 1820. Y mientras los invitados bailaban en el salón principal, en una habitación contigua los patriotas liderados por José de Antepara “conspiraban” contra las fuerzas españolas y juraron luchar por la Patria hasta morir. Es lo que se conoce como la Fragua de Vulcano.

Con el monumento a la Fragua de Vulcano se recuerda la cita en la que los patriotas organizaron la gesta libertaria, el 1 de octubre de 1820. Luego las mujeres alentaron a sus hijos y hermanos a enrolarse en el ejército llamado “División Protectora de Quito”, liderado por Luis Urdaneta y creado por los patriotas guayaquileños para llevar la libertad a las poblaciones de la Sierra.

Y el 28 de julio de 1821, un grupo de mujeres de la élite local publicaron en El Patriota, un manifiesto de rechazo al intento de golpe contrarrevolucionario que intentó el coronel Nicolás López en Guayaquil, que fracasó. 

Le dicen: “¡Traidor! ¿Aún te atreves a pronunciar los nombres de la inocencia y el pudor, después de haber profanado este suelo con tus crímenes?… ¡Hombre detestable! Tu lenguaje es igual a tus intenciones, y el desorden de tus palabras, igual a la desorganización de tu alma corrompida. Huya para siempre de ellas la victoria, que sería el triunfo de los vicios, y antes de experimentar este día de horror, pereciendo el último de sus defensores, las damas a quienes hablas, incendiando con sus manos esta hermosa ciudad, sepultarán su honor y su decoro en las cenizas de Guayaquil”.

Hidalgo señala que los nombres de estas mujeres de la alta sociedad criolla trascendieron porque aparecen en los tres relatos fundamentales de la independencia como fueron: Manuel Fajardo, José de Villamil y Juan Roca, pero “hay un sinnúmero de mujeres populares que participaron de mil maneras a las que no se nombra… esto porque usualmente la historia se escribe desde una visión masculina, de las élites, de los sectores dirigentes”.

El historiador quiteño Mauricio Alvarado-Dávila explica que, aunque no haya registros, la participación femenina fue clave porque “la sociedad guayaquileña es matriarcal… Si los hombres hacen las cosas es porque las mujeres se lo permiten, es un asunto sociológico que influye en los hechos históricos, al menos en Guayaquil. Los hombres son lo que son gracias a sus madres, esposas, hermanas… definen el presente y el futuro de la ciudad y de su gente. No figuran, pero sin ellas los próceres no hubieran hecho lo que hicieron”.

La historiadora Estrada recordaba que precisamente el espíritu solidario de las mujeres las lleva a fundar luego las primeras instituciones de voluntariado. También fueron protagonistas guayaquileñas en otras luchas, el caso del Liberalismo, las mujeres del pueblo se enrolaron en las huestes de Eloy Alfaro; y, las de élite colaboraron directamente con bienes y personas para el triunfo.

Hoy sería imposible negar el aporte de la mujer guayaquileña al desarrollo económico, cultural, político y profesional de la ciudad y del país”,

Agregó la historiadora Estrada. 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos relacionados

El Renacer del Ecuador

Ecuador está pasando por uno de sus momentos más terroríficos como República, sobre todo, por la violencia e inseguridad que acecha a los ciudadanos en el día a día y las fuerzas […]

El otro día leí…

Que un amigo decía que se había vuelto viejo y su vida estaba por terminar. Como lo quiero mucho me dejó pensando mucho.  Recuerdo que siempre fui feliz; hecho solo aquello que […]

×