– Juan de La Salle debía reconocer que, a pesar de que los maestros no llevaban ninguna preparación ni vocación, esos niños cambiaban, se hacían mejores… Y tubo que reflexionar seriamente sobre lo que podría llegar a conseguirse si… Santo Dios, qué idea…
- Año tras año, La Salle había hecho ese camino de la calle Arbaleta a la catedral y de la catedral a la Cloche, su casa. Nunca se le ocurrieron complejos sociales. Pero un día tuvo que abrir los ojos y ver, por fin, VER, cantidad de niños y de jóvenes de Reims… del mundo … sin futuro, sin posibilidad de educación, sin dignidad conseguida. Y tal vez se le ocurrió que «con lo fácil que sería…» Era la idea misma que se abría camino…
- En Semana Santa de 1681, invitó a los maestros, tal vez una docena, a pasarla con él en retiro espiritual. Para esta generación de maestros – llenos de buena voluntad, este retiro fue como un Pentecostés «lasallano».
- La Gracia entró en tromba en aquellas almas disponibles. Salieron transformados. Y los frutos se hicieron inmediatamente en las escuelas.
Fue cuando el Fundador tuvo que decirse: «Si es así, O.K.» Bueno no lo dijo así, pero ya me entiendes. Aceptó y ya nadie ni nada pudo torcerle de su camino en los 40 años de trabajo fundacional y de contradicciones sin número.
Dijo un día: «Si a la vez que me dijeran el bien que iban a hacer las escuelas, me hubieran descubierto lo que me iban a costar… me hubiera faltado valor para apoyarlas con el dedo meñique…»
Pienso que Juan de La Salle te ha caído simpático. Cuando se le empieza a conocer, se le empieza a amar sin remedio…. Ya te contaré.
Mientras, tuyo en La Salle.
Tomado del Boletín Lasallano
