13 marzo, 2026

El mundo estalla en paz

Cuando el bien necesita del mal para imponerse, la línea que los separa empieza a borrarse.

Nos han hecho creer que sus intereses son también los nuestros. Por “interés nacional” han abierto guerras a mansalva.

Tu interés nacional, que más que nacional es propio, porque está claro que, para el hombre naranja, todo aquello que no le beneficie personalmente no beneficia tampoco a los “intereses nacionales”, al Estado, a él.

La nueva doctrina de la nueva derecha del “sentido común” se les está yendo de las manos.

No vengo a decirles la noticia que ya todos saben: que Oriente Medio está medio orientado a la “paz” por la fuerza que impone Trump, desatando bombardeos en todos los países vecinos de Irán.

Constituye el segundo ataque para “impedir que obtenga armas de destrucción masiva nucleares”. Es decir, el primero no fue suficientemente bueno.

Aquí aparece el dilema. No se trata de defender a dictadores ni de absolver regímenes autoritarios.

El problema es otro: cómo la batalla moral termina arrastrándonos a aceptar acciones que sabemos delicadas y, en muchos casos, ilegales, bajo la promesa de evitar un mal mayor.

Thomas Hobbes advertía que, sin un poder capaz de imponer orden, la vida sería “solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta”. El Estado nace para contener la guerra de todos contra todos. Sin embargo, cuando ese mismo poder convierte la excepción en regla y la guerra preventiva en rutina, la frontera entre orden y dominación empieza a desdibujarse.

Nicolás Maquiavelo separó la moral privada de la razón de Estado: el príncipe debía aprender a no ser bueno cuando la supervivencia del poder lo exigía. La pregunta es si esa lógica, repetida hasta el cansancio, no termina justificándolo todo.

No escribo esto para revelar nada nuevo. Es apenas una invitación a pensar en esa tensión permanente entre legalidad y moral, entre seguridad y justicia, entre paz y fuerza.

Porque si aceptamos que el mal puede administrarse en nombre del bien, ¿en qué momento dejamos de distinguirlos?

1 comentario

  1. Danos tú la solución. Lo mencionastes a Thomas Hobbes y entonces, Sólo sirve lo tuyo como una narrativa repetidora de lo sabemos y vemos.

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