15 mayo, 2026

Ochenta vueltas alrededor del sol

P. Ab. Sucre Calderón Calderón

El 17 de febrero de 1946 nací; así me lo dijo mi madre: las madres son las únicas que pueden decir el día que nacimos.

No existía la Maternidad Enrique Sotomayor; consecuentemente, los nacimientos eran en casa. Afuera del departamento, de madera, de altos tumbados y con rejas, esperaban mi padre, mis tíos, mis hermanos mayores, mis primos mayores y hasta los vecinos.

La espera y la tensión se terminaron cuando lloré: “¡Es un bello varón!”, se oía a los presentes (ja, ja).

Por alguna razón que desconozco, en mi cédula de identidad consta como fecha de nacimiento el día 1.º de marzo de 1946. Siempre me celebré dos veces: el 17 en la familia y el 1.º de marzo en los lugares donde trabajé. Salí favorecido.

La reunión se llevó a cabo en la casa de mi hija María Fernanda. Entre ella y mi esposa se encargaron de todos los detalles. Fue una reunión muy linda con mi yerno, mi hijo Gabriel y mis nietos; mis cuñadas y sobrinas de mi esposa, sus cónyuges o sin ellos; y mi sobrino Francisco Eduardo Calderón Guerrero. Para una próxima ocasión habrá otra reunión con mis primas y primos hermanos, sus cónyuges y con mi hermano Vitamino, su esposa y su hijita, si están aquí en Guayaquil.

Los regalos que recibí fueron todos maravillosos: útiles, necesarios y muy sabrosos, si eran de tomar o de comer. De ellos me impactó una pintura personal que pintó mi sobrina Marcela Correa con unas viejas fotografías personales que tenía en su casa. No sabía que pintaba.

Mi sobrino Iván Correa Calderón se tomó el trabajo de comprarme una caja perfectamente armada, con un gran lazo, que contenía un montón de productos que más me gustaban: una botella de wocka, una de aceite de oliva, galletas de sal y de dulce, con o sin azúcar, y otras cosas más.

Mi sobrino Wilson Correa Calderón tomó la palabra a nombre de todos los presentes; muy lindas, muy sinceras y emocionantes sus palabras respecto de sus sentimientos con relación a su tío. Gracias, primo Víctor Hugo C. M., grata coincidencia.

Yo no acostumbro a abrir los regalos de cumpleaños o navideños sino cuando llegamos a casa; lo hago realmente para disfrutarlos.

En la mañana me agasajaron los Orus, los Cañarte, los Aguirre y EU, en el lugar donde siempre nos encontramos. Pero siempre los primeros en llamarme son mi hijo Jaime Francisco, desde Lima, quien le había solicitado a Coca que me compre un conjunto de globos relativos a los 80 años, muy lindos; y doña Leonor Albornoz, mi casera cuando trabajé en Quito.

Gracias, Currita; gracias, Cebas; gracias, Josecito; gracias, Naty; gracias, Sebas. Gracias, Saruquita y Jorge; gracias a todos/as que se acordaron de mi cumpleaños.

Los dejo; me voy a casa de mi nieta Luciana, que cumple sus primeros siete años de feliz existencia.

Un fuerte abrazo para todos.

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