Me quedé perplejo sin saber que hacer.
El momento fue mágico, imposible de creer
Estaba contemplando al infinito.
Me sentía espiritual y tenía el Universo para mí.
Había un sonoro silencio que retumbaba más que el grito ensordecido de un eco enmudecido.
No era de día ni de noche.
Me deslumbraban los inacabables espacios de luz y estaba sublime.
Definitivamente me encontraba en el centro de la galaxia
El firmamento estaba cundido de estrellas.
Todo estaba dispuesto como un despacio espacio de mi continuidad.
Lo visto y lo mío, eran lo mismo.
Tenía una sensación de grandeza y pequeñez al mismo tiempo.
Maravillado suspiraba por mi percibir.
Me sentía parte del unísono; un fragmento del total.
Cada cosa tenía su explicación y cada quién su propio quien.
Me impactaba la presencia arrolladora de una energía de la que emanaba todo.
Era consciente de que provenía de una fuerza arrolladora que me hacía sentir que estaba ahí.
Buscaba en todas partes, pero no encontraba.
El silencio ruidoso persistía como un mutismo misterioso lleno de oquedades pardas.
Me deslumbraba, me asombraba.
Se me ocurrió robarme un lucero.
No pude porque el astro era yo mismo y todo era parte de todo.
Entonces comprendí que hay una sola energía que domina el universo y fui feliz…
