Aprovechando unas millas de viajes anteriores, con mi esposa viajamos a Lima. Fuimos a visitar a nuestro hijo, que vive y trabaja allá hace aproximadamente 15 años.
Avianca primero viaja a Bogotá; ahí hay que permanecer dos horas en el aeropuerto y, desde allí, viajar al Perú. El viaje a Lima es movido, pese a la altura a la que vuelan. Se pasa por los Andes colombianos, ecuatorianos y peruanos. El primer día y el último son prácticamente perdidos.
Tan pronto se prendieron las luces de la cabina del avión para movilizarnos, fui al SS. HH. El azafato me indicó: “Regrese a su puesto y siéntese”. No le hice caso y seguí. Realmente, los SS. HH. son pequeños y cualquier movimiento brusco del avión podría haberme afectado la cabeza.
Las azafatas son guapísimas, bien podrían concursar para Miss Colombia, y muy trabajadoras. Por cortesía de la aerolínea, viajamos en primera clase, muy cómodo. Nos sirvieron un desayuno muy rico y gratuito; de regreso a Guayaquil, ya nos costó.
El avión en el que viajamos tenía una capacidad para 126 pasajeros. El lugar de operaciones de los aviones de Avianca en el aeropuerto de Bogotá, donde despegan y aterrizan las aeronaves, es inmenso; pareciera que el aeropuerto fuera exclusivamente de dicha empresa de aviación.
Cuando viajamos desde Bogotá a Lima, detrás de nuestro avión salían tres naves de igual tamaño y dos más pequeñas listas para despegar. Tuvimos que esperar a otras tres que aterrizaban en ese momento. Posiblemente el tiempo perdido lo recuperan durante el vuelo.
Entiendo que viajan a los cinco continentes y no tuvimos problemas en retirar nuestro equipaje, tanto en Lima como en Guayaquil.
Felicitaciones.
