Guayaquil ha vivido dos centurias desde que se independizó. Al hacer una evaluación histórica sobre su progreso económico ciertamente que las condiciones de vida han mejorado. En Guayaquil desaparecieron las epidemias devastadoras de la fiebre amarilla, bubónica y otras; hay aumento de la esperanza de vida, el analfabetismo cayó drásticamente a 3%; la participación de casas de caña y madera en relación con el total de viviendas ha disminuido considerablemente, donde estaban ellas, hoy hay de cemento; desaparecieron los techos oxidados de zinc en el centro de la ciudad, de ser la excepción el aire acondicionado, hoy se encuentra en las instituciones públicas, centros de entretenimiento y en muchas viviendas.
A pesar de los logros obtenidos, entre 1830 y 2025, Ecuador no ha prosperado en la misma forma que otros países de igual desarrollo económico. Comparativamente hablando, estamos atrasados en relación con otras naciones regionales; de hecho, el atraso se viene dando desde el siglo XIX. En Ecuador el ferrocarril se inauguró entre 30 y 50 años después que en países de la región. Algo similar ocurrió con el cable submarino. En el sigo XX fuimos uno de los últimos países en tener telefonía celular, Internet, uso el GPS, etc. Mangas en los aeropuertos se comenzaron a usar alrededor de 15 años atrás, cuando se inventaron a fines de los cincuenta del siglo XX. La lista es enorme. Dentro del país, la mayoría de los grandes inventos primero han llegado a Guayaquil. Ocurre en todos los campos y ciencias. Hasta hace unos 25 años la fumigación en las plantaciones no se hacía tecnológicamente. En el área de salud, hasta hace 20 años no se llevaba control de las infecciones nosocomiales, es decir, las adquiridas dentro de clínicas y hospitales. Seguramente hay algunas que todavía no tienen esos registros. También el uso de sistemas clínicos computarizados de última generación es muy escaso en el sector salud.
La economía como ciencia tiene un par de siglos, pero hay países que antes del nacimiento de los padres de la economía, sus gobernantes sabían cómo prosperar. Hoy con todo el avance de la ciencia económica, Ecuador no sabe. Lo patético es que la mayoría de ellos pertenece a nuestra región, América Latina. Inglaterra se demoró alrededor de 100 años en doblar el ingreso per cápita, Estados Unidos 34 años, Corea del Sur, China y otros países asiáticos, alrededor de 11 años. En Ecuador necesitamos décadas. ¿Por qué hay tasas de crecimiento tan diferentes? La diferencia lo hace la ideología política del gobernante, educación, emprendimiento, valores de trabajo y el uso de las tecnologías, entre otros.
En nuestra región, no es prioritario el uso de las últimas tecnologías. En el siglo XIX, Rocafuerte desde Estados Unidos, trató de promover una línea naviera de barcos a vapor, en aquellos años era tecnología de punta, entre Venezuela, Colombia y Ecuador, pero fracasó. También intentó introducir diversas maquinarias ultramodernas para la época, como desmotadoras de algodón a vapor, molinos de vientos, etc. pero tampoco tuvo éxito. En México trató de convencer al gobierno iluminar la capital en base al gas. No lo logró, pero si lo hizo en su casa, debió haber sido la primera en toda América Latina. La Segunda Revolución Industrial fue en Estados Unidos en las últimas décadas del siglo XIX, en nuestra región no supimos beneficiarnos de ella.
Desde el principio de nuestra república, nuestros gobernantes no se interesaron por fomentar el comercio, consideraron innecesarias las flotas navieras. Isabel I de Inglaterra, en el siglo XVI, impulsó esa actividad, para conquistar los mares. Por el contrario, cuando Ecuador se convirtió en república el comercio exterior dependió en parte de los barcos mercantes peruanos, en la colonia había sido 90% del comercio exterior. A diferencia de Perú que promovió la inmigración extranjera en la segunda mitad del siglo XIX, para poblar la costa, el proyecto de Rocafuerte de traer 300 familias alemanas para desarrollar la agricultura costeña quedó en buenas intenciones, Rocafuerte no recibió apoyo. Entre los irlandeses que llegaron a Perú se encuentra William E. Grace, quien creó un gran imperio que incluyó Grace Line, empresa naviera que atendió el comercio exterior ecuatoriano durante décadas.
Estos breves episodios históricos nos revelan la crónica falta de apoyo de nuestros gobernantes a las actividades productivas y la ausencia del espíritu emprendedor en Latinoamérica. Hasta hace pocos años, la imagen que tenían los países ricos de nosotros era muy mala, de ociosos y amantes de postergar nuestras acciones. En los periódicos dibujaban a una persona vestida con poncho y sombrero, bajo la sombra de un árbol durmiendo la siesta, diciendo “mañana “.
Cuando terminó el siglo XIX, las condiciones no habían variado en 100 años. Veamos que nos dice José Gómez Carbo en 1890, prestigioso periodista guayaquileño, que escribía con el seudónimo de JECE: “… la agricultura no pasa todavía del estado embrionario bajo el aspecto técnico y bajo el industrial, y los productos que da apenas bastan para el consumo interior y en muchas partes son insuficientes…las industrias agrícola y fabril están también en decadencia y amenazadas de desaparecer…nos falta espíritu de empresa…la administración pública es una especie de sifón que absorbe mucho jugo de la nación no sólo en forma de impuesto, no sólo para fomentar la ociosidad con el gran tren de empleados y por la falta de disciplina militar…por la inmoralidad que cunde en todo orden de empleados y funcionarios, por la corrupción que traen los negocios fiscales…el crédito es escaso, el interés alto, el cambio es elevado…tenemos impuestos antitécnicos…improvisamos reformas…”
“…la administración de la Hacienda pública es desordenada, perjudicial e impura…los fondos públicos pueden desaparecer fácilmente…al contrabando sólo le falta ser reconocido por la ley…el presupuesto está mal distribuido, los servicios improductivos son los mejor atendidos…no tenemos industrias nuevas…la acumulación de capital es difícil, lenta y llena de tropiezos la producción de riquezas…la falta de vías de comunicación es una de las causas del estancamiento…la administración de justicia por ser morosa, dispendiosa y sujeta a procedimientos en que la triquiñuelería y la inmoralidad pueden campar…” Los comentarios de Gómez Carbo se podrían reproducir en los periódicos de actualidad y el lector estaría leyendo una noticia actualizada.
Al inicio del siglo XX, algunos países latinoamericanos intentaron despegar, como fue el caso de Argentina, que en los años treinta, se había convertido en séptima potencia económica del mundo. Pocos años más tarde, con el ascenso de Juan Perón, todo el progreso alcanzado colapsó. Mientras tanto en el Asia, las colonias europeas comenzaban a independizarse y a buscar sus propios futuros. En el libro Progreso, Pobreza y Exclusión de Rosemary Thorp, analiza lo que ha ocurrido en América Latina, en el siglo XX, en el área económica y los resultados a que llega son desalentadores. Mientras que, en 1900, tenía el 7% del comercio mundial, ha caído al 3%. El ingreso per cápita de los países más grandes, que era el 14% del de los Estados Unidos, ahora es el 13%. A pesar de los intentos de industrialización, más del 50% de los productos de exportación de América Latina, continúan siendo materias primas y minerales. En nuestro continente 2 de cada 5 ciudadanos son pobres y 2 de cada 3, viven en ciudades.
Por factores propios de nuestro continente, como el militarismo, totalitarismo, falta del espíritu empresarial, mal manejo de las finanzas públicas, mercantilismo, desinterés por la educación, exceso de énfasis en la política por parte de la sociedad, ausencia de libertad económica, etc., América Latina no progresó en el siglo XX al mismo ritmo que Estados Unidos, Japón, Europa y países del Sudeste del Asia. En este último, ocurrió todo lo contrario. En 1900, eran colonias de países europeos (Inglaterra, Holanda, Alemania y Francia), las cuales con el transcurso de las décadas se fueron independizando. Comenzando con un 3% del comercio mundial, esos países terminaron siglo con el 35% y con el 30% del producto interno bruto del mundo. Mientras que el ingreso per cápita que en América Latina aumentó en 5 veces, en el sudeste asiático se incrementó 30 veces. ¿Cómo terminaremos el siglo XXI?

Para llorar, Guillermo, sin viso de salir de este estancamiento