Esta no es una pregunta menor.
Y para mí, hoy, es una pregunta personal y política.
He tomado la decisión de participar en la contienda por la Alcaldía de Antonio Ante, y es la primera vez que asumo un reto de esta magnitud: construir un movimiento político diferente, nacido del voto y la conciencia ciudadana.
Por eso quiero hablar con claridad de algo que casi nunca se dice de frente: el dinero en la política.
1. Contexto: cómo se han financiado las campañas
Hasta las elecciones de 2025, los candidatos tuvieron distintas formas de financiar sus campañas.
Algunos pusieron dinero de su propio bolsillo:
personas con muchísimo dinero, muchas veces sin un origen claramente justificado.
Otros recurrieron a donaciones de individuos, grupos políticos, empresas u organismos con intereses específicos.
En Ecuador, el financiamiento electoral está normado legalmente, sí,
pero también ha sido contaminado por dinero oscuro, incluso vinculado al lavado de activos producto del narcotráfico.
Las campañas se han convertido en empresas electorales, donde se juntan listas, candidatos finalistas y egos deformados, y donde el objetivo no siempre es servir, sino ganar… como sea.
He propuesto que los aportes privados sean limitados y auditables, pero hasta hoy esa propuesta no ha tenido eco.
2. Financiamiento público: el dinero del pueblo
Los partidos políticos con registro legal tienen derecho a financiamiento público para tres cosas:
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Actividades ordinarias, es decir, su sostenimiento permanente.
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Actividades específicas, como educación política, capacitación, investigación y tareas editoriales.
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La obtención del voto, es decir, la campaña electoral.
Este es dinero del pueblo.
Y probablemente, uno de los dineros más infamemente gastados.
Está legislado a medias en el mundo, en América Latina y, especialmente, en Ecuador.
Yo quiero que Antonio Ante sea la excepción, no la regla.
3. ¿En qué gastan realmente los partidos?
Seamos honestos: no invierten en escuelas reales de formación política.
El dinero se va en:
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Eventos y tarimas
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Asesorías costosas
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Producción de mensajes para radio y televisión
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Uso de trolls en redes sociales
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Campañas amañadas con inteligencia artificial
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Propaganda de todo tipo
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Encuestas, sondeos y mediciones
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Oficinas, unidades móviles, logística
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Personal, estrategas…
Y muchas veces: pan, trago y circo.
Los espacios en medios y debates organizados por el CNE son gratuitos, pero hoy el gran gasto está en publicidad digital, muchas veces usada para desprestigiar al adversario, no para proponer soluciones.
4. El dinero que “sobra” y nadie devuelve
En teoría, el dinero público no gastado debería devolverse al Estado. La ley lo dice claramente: las cantidades no ejercidas deben reintegrarse al finalizar la campaña.
Pero en la práctica:
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Pocos organismos electorales fiscalizan.
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Los remanentes se usan para gastos ordinarios.
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Y nadie obliga a devolverlos.
Es como un producto defectuoso que salió al mercado… y nadie se hace responsable.
5. No todo es dinero público
Además del financiamiento público, existen aportes privados:
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Militancia
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Simpatizantes
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Autofinanciamiento
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Rendimientos financieros
Pero, nuevamente, en el papel todo aguanta. Las aportaciones aparecen como multimillonarias, sin control efectivo, con organismos de control que muchas veces funcionan como peajes y no como garantes de transparencia.
6. Mensaje político y ciudadano
Yo creo en una política decente, transparente y ciudadana. Creo que Antonio Ante merece una forma distinta de hacer campaña y de hacer política para servir.
Sin dinero oscuro.
Sin despilfarro.
Sin engaños.
Este debate no es solo legal, es moral y ciudadano.
Y hay que darlo ahora, antes de 2027.
Tú decides.
