Los políticos comunistas son activistas de oficio caracterizados por una selectiva racionalidad aplicable solo a sí mismos. Es decir, son sujetos literalmente irracionales e imposibilitados de cuna para llegar a acuerdos básicos. La metamorfosis política -prevalente desde la caída del muro de Berlín- llevó a los reformistas a refugiarse bajo otros “clichés y nomenklaturas políticas”* aupados económicamente por grupos narcotraficantes, guerrilleros y demás. Quienes se mantuvieron leales a la causa del proletariado y el totalitarismo de Estado cayeron en el olvido. Los que mutaron, como Petro, jamás consiguieron siquiera disimular su primitiva condición de irracionales.
Petro es ya un “lame duck”, dejará el Palacio de Nariño en agosto y su poder político empezará entonces a desvanecerse en los avatares de la lista Clinton. ¿Valía la pena aplicarle sanciones arancelarias a Colombia a estas alturas del partido? Pues ni antes, cuando su energía era costosa, pero imprescindible, mucho menos ahora que el perfil de precariedad energética se mantiene incólume en Ecuador. ¿Error inexcusable?
Más allá de cualquier excusa, poco es lo que Petro pueda ofrecer a sus vecinos cuando su deber de casa no lo ha cumplido. Ecuador, literalmente, no está en condiciones de imponer nada a nadie, salvo un innecesario y dispendioso mayor desasosiego a sus propios ciudadanos. Para entenderlo mejor, existen goles producto de la sagacidad, autogoles provenientes del infortunio y también autogoles de media cancha derivados apenas de un capricho.
*Movimiento Progresistas, Colombia Humana, Socialismo del Siglo XXI, Alianza PAIS -Patria Altiva i Soberana-, Revolución Ciudadana, etc.
