10 febrero, 2026

El magnicidio liberal: Veintiocho de Enero de 1912

Los ideales liberales podrían haberse originado en 1859 mediante proclama del coronel Manuel Santos emitida desde Charapotó y, posteriormente, convertirse en plataforma de lucha del Partido Liberal conforme consta en la obra “Soberanía e Insurrección en Manabí” de la historiadora doctora Carmen Dueñas Santos de Anhalzer. Transcribo dicho contenido:  

voto directo, gobierno democrático, electivo, representativo, alternativo y responsable, todos los ciudadanos sean parte de la Cosa Pública, participen de su prosperidad o decadencia, empleos temporales no perpetuos, sin restricción el pensamiento ni se pongan trabas a la industria, eliminación para siempre del agiotaje y monopolios, reformas a la complicada legislación política, diplomática, civil y penal. Fomento de vías de comunicación como pasaporte civilizatorio. Finalmente, fomento y auxilio el tráfico de extranjeros, bases para la organización social en Justicia, Razón, Inteligencia y Libertades Públicas”.

Releyendo las disposiciones de la Constitución de 1906  significaron verdaderas transformaciones sociales, económicas, políticas, especialmente, para la mujer ecuatoriana en educación, divorcio, añadiéndose defensa de los valores democráticos, igualdad ante la ley, derogatoria de la pena de muerte, forjó la unidad nacional y defensa de la integridad territorial, modernización de nuestra sociedad, sistemas de transporte y comunicación, caso de los ferrocarriles Guayaquil-Quito y el truncado Bahía de Caráquez-Quito, separación de la Iglesia con el Estado, libertad de cultos, entre tantas leyes que, verdaderamente, revolucionaron las raíces mismas del Estado convirtiéndolo en Laico desde 1906.

Sin justificación alguna ni pretender describir en amplitud un hecho tan ignominioso e inhumano, tan solo, tal vez, para hallar algo de entendimiento histórico-jurídico-constitucional del magnicidio, no solo es necesario recordar ciertos artículos de dicha carta magna dictada y aprobada por la Asamblea Constituyente, con la asistencia de sesenta y un diputados (61) que representaron a las quince (15) provincias que en esa época estuvo constituido nuestro país. Fue promulgada por el propio gobierno del general Alfaro la décimo quinta Constitución, con vigencia desde el 23 de diciembre de 1906, sino la actuación de algunos personajes de la política nacional que, en esos momentos aciagos, fueron verdaderos protagonistas, repito, de tal magnicidio.

En cuanto a la parte constitucional se debe considerar: 

“El 75 disponía quién se encargará de la sucesión presidencial era, en primer lugar, el presidente del Senado, no Congreso, y fijándose períodos para la temporalidad hasta concretar nuevas elecciones”. En esa época se desempeñó como tal don Carlos Friere Zaldumbide.

“El 76, ordenaba la prohibición de no reelección sino pasando dos períodos (8 años) para aquel que desempeñó el cargo”. El general Alfaro finalizó 1911 su cuarto ejercicio. Estuvo desde 1896.

El 77 disponía que, ningún pariente presidencial dentro del segundo grado de consanguinidad o primero de afinidad, no podía ser candidato”. Caso de don Flavio Alfaro, sobrino.

La carta dirigida al general Alfaro por el presidente del Senado, don Carlos Freire Zaldumbide, el 12 de agosto de 1911, manifestándole debía dimitir a las funciones presidenciales una vez concluido su período presidencial, cuya contestación la dirigió en el mismo día el general Alfaro, copiando textualmente su respuesta:

como ecuatoriano patriota no deseo que por mi interés se derrame una sola gota de sangre y que por lo tanto, hago dimisión del cargo de Presidente de la República…”

Don Emilio Estrada, ganador de las elecciones de 1911, debía ejercer su mandato hasta 1915; pero, falleció a los casi tres meses de su posesión asumiendo el ejercicio temporal del Poder el 21 de diciembre de 1911 don Carlos Freire Zaldumbide en su calidad de presidente del Senado. Pretendió organizar un gobierno transitorio y preparar las nuevas elecciones presidenciales dando como consecuencia la generación de las siguientes actuaciones de los líderes políticos. 

Los generales Leonidas Plaza Gutiérrez y Flavio Alfaro presentaron sus candidaturas, aunque los dos no estaban capacitados, legalmente, para ejercer la Presidencia de la República, pues la Carta Política de 1906 en vigencia, sólo permitía la reelección después de dos períodos presidenciales (8 años), y no habían transcurrido desde que el Gral. Plaza ocupó por primera vez dicho cargo en el período 1901-1905; y, el segundo, por afinidad. Ambos pretendieron ser “infractores constitucionales”.

Al conocer las pretensiones de Plaza se produjeron diferentes movimientos revolucionarios y se proclamaron las Jefaturas Supremas de Flavio Alfaro en Esmeraldas y de Pedro J. Montero en Guayaquil, aunque las intenciones de éste fueron desde el primer momento, entregar dicha Jefatura Suprema al Gral. Eloy Alfaro. 

El Gral. Plaza organizó la resistencia con miras a reprimir la revolución iniciada en la Costa, se negó a escuchar el llamado de paz que le hizo el Gral. Alfaro. Así, con las poderosas armas adquiridas para la defensa de la Patria ante la amenaza peruana de 1910, Plaza enfrentó y derrotó a los revolucionarios en los sangrientos combates de Huigra, Naranjito y Yaguachi, luego de lo cual se firmó el Tratado de Durán de 22 de enero de 1912, por medio del cual se garantizaba respetar los derechos de los vencidos.

Con la firma de la capitulación los revolucionarios entregaron sus armas. Freile Zaldumbide, presidente encargado, no quiso saber de ninguna garantía para con los líderes vencidos, por lo que éstos fueron traicionados, capturados y enviados a Quito, donde el 28 de enero de 1912, una turba de maleantes y soldados placistas junto con miembros del pueblo quiteño, se cometió el más sangriento de los crímenes: El Asesinato de los Héroes Liberales: expresidente Eloy Alfaro Delgado. Junto a él, sus tenientes generales Medardo Alfaro, Manuel Serrano, Luciano Coral, Pedro Montero y Flavio Alfaro. Fueron linchados y sus cuerpos arrastrados e incinerados en el parque El Ejido. 

El 5 de marzo de 1912 el asesinato del general liberal don Julio Andrade motivó la dimisión de Carlos Freire Zaldumbide haciéndose cargo del ejercicio del Poder Ejecutivo, el doctor Francisco Andrade Marín, en su calidad de Presidente de la Cámara de Diputados.

Con el retorno del general Alfaro atendiendo el llamado de Montero y Flavio Alfaro, sobrino del general, no se acataron los artículos 75, 76 y 77 del orden constitucional, agregándose el incumplimiento del compromiso firmado por el expresidente Alfaro con presencia del Cuerpo Diplomático, causas que originaron, muy posiblemente, el vergonzoso magnicidio del célebre manabita, cuyos principios liberales aún perduran. 

Las varias comunicaciones que intercambiaron los principales actores de ese momento tan crítico para la convivencia nacional, lo vemos reflejado en Los Documentos del Grupo El Comercio. En todos ellos se puede establecer el ánimo de no “querer” se produzca ninguna conflagración; sin embargo, ocurrió… Ayer como hoy, nuestros líderes siguen el mismo prospecto: prioridad a sus fines personales, no nacionales.

 

Texto y obras consultadas:

1) Constitución de 1906;

2) Documentos de la Asamblea Constituyente de 1906;

3) “Soberanía e Insurrección en Manabí” de la doctora Carmen Dueñas Santos de Anhalzer;

4) “Sucesos recientes que pueden interesar al porvenir, año 1912” de don Cristóbal Gangotena;

5) “Eloy Alfaro líder revolucionario para el triunfo del liberalismo y su sentido histórico actual”, de don Wilmer E. Rengel J.;

6) “Los últimos días de Alfaro. Documentos para el debate” del Grupo El Comercio, entre otros.

2 comentarios

  1. Distinguida Doctora, brillante articulo descrito con hechos reales y por ende históricos. Una lección para la las generaciones que desconocen. Ya no hay ni libro leído, ni foros para analizar. Brillante querida y recordada Doctora. Atentamente Abdón Calderón.
    PD Años atrás tuve el privilegio de conocerla por intermedio de mi Padre, Doctor Abdón Calderón Franco.

  2. qué emoción Regina al ver copia de la foto cuyo original poseo de los montoneros de Alfaro. Allí está mi tío abuelo Aparicio Plaza Iglesias, hermano de mi abuelo Antonio Plaza Iglesias.

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