Pero este “perro” no está muerto, está preso en una cárcel de alta seguridad en Brooklyn, junto a su esposa.
Será juzgado por un tribunal federal de N. Y. por cinco delitos graves, gravísimos, vinculados al narcotráfico. Al parecer, manejaba personalmente desde Venezuela al Cártel de los Soles, que se especializaba en enviar cocaína hacia los EE. UU.
Cada delito tiene una pena entre 10 y 20 años de prisión, salvo que colabore. Maduro no colaborará; probablemente muera en prisión.
Una operación militar de élite norteamericana, con la cooperación de la C. I. A., llegó hasta el dormitorio del señor Maduro en Caracas; los tomaron presos y se los llevaron a esa cárcel de alta seguridad en Brooklyn, en espera del fallo de esa corte federal.
En Venezuela le sucedió en el cargo la vicepresidenta de Maduro, como encargada del poder, pero está cooperando con Trump, quien ya le envió millones de barriles de petróleo a precio internacional, con cuyo dinero se beneficiarán los sectores más pobres de Venezuela.
Doña María Corina Machado fue invitada por el presidente Trump a los Estados Unidos después de obtener el Premio Nobel de la Paz, y allá se lo entregó al presidente Trump (simbólicamente). De regreso a su país, tratará de sacar de las cárceles a sus partidarios, a quienes Maduro encarceló durante su dictadura.
Las relaciones de Diosdado Cabello con el presidente Trump son amigables, aspecto que favorecerá al pueblo venezolano.
Veremos qué pasará en el futuro.
