14 marzo, 2026

Locuras mías…

La vida es un suceso fascinante:
Un transitar indescifrable por el camino de los enigmas.
Lo maravilloso de esta mágica ilusión es su misterio.
A pesar de lo que tengamos en común, cada vida es un acertijo para cada quien.

Debemos recorrer nuestro sendero utilizando la potencialidad de nuestra mente.

El tiempo es una realidad inexistente.
Es un invento humano para dar sentido a la experiencia.
No existe el pasado porque ya pasó; tampoco el futuro porque aún no pasa.
No hay pasado ni futuro, porque ambos son solo palabras para definir realidades que no existen. El presente es la realidad.
El ahora no tiene pasado ni futuro: solo ahora.

Como el presente existe entre el pasado y el futuro —que no existen—, es una existencia entre dos inexistencialidades, y no puede haber una existencia entre dos inexistencialidades. El presente es un acto perceptivo de conciencia, una efímera convicción de certidumbre.

Solo somos conscientes del presente, y todo presente es intemporal porque carece de tiempo.

Todo lo existente va camino a no existir.
Un vivir sin sentimientos es morir.

Todo lo que puedas imaginar es real.

Cada quien escribe su propia historia.
Elabora su propio recorrido con las determinaciones que generan sus acciones.
Fragua su destino en la soberanía de su propia decisión.

No es difícil hacer lo correcto; lo difícil es saber qué es lo correcto.
Pero cuando se sabe qué es lo correcto, es imposible no hacerlo.

La conciencia es lo que determina aquello que se debe hacer antes de hacerlo y también lo que juzga lo hecho después de haberlo hecho.

Todo es cuestión de persistencia y convicción.

Hay seres que tienen una fuerza interior ilimitada.
Son dueños de una fortaleza que los hace diferentes:
imparables, altivos, ingobernables.
Hacen caminos para que otros los caminen.
Viven como si lo que hacen fuera lo último que podrían hacer.
Su prisa radica en la intensidad de las emociones que consiguen.

El Creador me ha bendecido al otorgarme regalos que no merecí.
Me ha dado una inteligencia especial.
No es la más perfecta ni la más compleja; es la que necesito para sobrevivir.
Me ha concedido una memoria maravillosa para lo que me conviene recordar.
Soy urgido por una energía que logra en mí lo que quiero.

Para mí no existen los “no puedo”, ni la mala suerte, y menos aún los “ya vendrá”.
Solo hay imposibles conseguibles.
Mientras más difícil es lo que deseo, más lo quiero.

El Hacedor me ha protegido con un don que me permite saber lo que me va a suceder antes de que suceda.
Las cosas que me pasan, sabía que me iban a pasar.
Son convicciones incomprensibles para quienes no tienen esta bendición;
son certidumbres que transforman ilusiones en realizaciones.

Soy vehemente: las cosas negativas me incentivan.
El hombre más seguro de sí mismo que he conocido soy yo.

El Todopoderoso me permite hacer varias cosas a la vez.
Son las irrefrenables urgencias de mi ser.

Vivo para el amor, adoro mi profesión, siempre necesito más conocimiento para acrecentar mi patrimonio intelectual; me realizo cuando libero mis ideas para escribir; me dejo subyugar por el ardor que me generan mis pinturas; me siento satisfecho cuando dejo fluir mis manos para esculpir; me siento lleno de vida cuando me valgo de mi cuerpo para cualquier actividad; encuentro mi propósito cuando aporto con algo para cambiar la sociedad.

Cada parte suma un todo que conforma mi pasión.

Soy de los que nunca se han sentido más vivos que cuando han estado más cerca de morir.

Expresar lo que siento, lo que pienso y lo que digo son necesidades irrenunciables para mí.
Soy de los que no sobreentienden el querer.
El amor que no se dice es como el amor que no se tiene.

Padezco una insaciable voracidad de urgencias afectivas.
El amor solo puede verse con los ojos del sentir, del percibir.

Tengo tanta emoción, tanto fervor, tanta ternura, que los sentimientos eclosionan como paroxismos desbordantes en mi apasionamiento por vivir.

Soy un bendecido de Dios.
Mi vida es un sueño realizado.
Mi existencia ha sido una fascinante aventura.

Soy un enamorado del sentir, un amante empedernido del amor;
un rebelde ingobernable que solo se gobierna por su propia decisión…

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