Ya en manos de la justicia norteamericana, sea con sus horribles frases en inglés o con sus pésimas construcciones para hilvanar en español, Nicolás Maduro, el tirano sucesor de Hugo Chávez, hará probablemente hasta lo imposible para lograr una condena que evite salir cadáver de la cárcel. Ese objetivo, sin embargo, exige una decisión difícil: la de la delación, que en materia penal básicamente se refiere al acto de denunciar, revelar y acusar. Y, si a eso apunta la determinación de Maduro, a correr y a poner las barbas en remojo se habrá dicho.
Declarado inocente de los principales cargos: conspiración de terrorismo, importación y tráfico de cocaína, posesión de armas de destrucción y conspiración para poseer estas, el dictador venezolano deberá escoger si actúa como lo ha hecho hasta ahora, por ejemplo, el ex vicepresidente ecuatoriano Jorge Glas, esto es asumiendo exclusivamente la responsabilidad de la salvaje corrupción del gobierno que formó parte, o, definitivamente, cantar toda la verdad y poner en evidencia incuestionable el rol protagónico de sus cómplices y encubridores, tal el caso de Diosdado Cabello, Padrino López, Delcy Rodríguez y otros.
Pero, el canto de Maduro, de producirse, podría escucharse más allá de los límites patrios y alcanzar los de sus socios sigloveintiuneros en América Latina, sea por financiamientos con dineros sucios, por conciliábulos para permitir el transporte de sustancias ilícitas y tráfico de armas, por acuerdos con organizaciones narcoterroristas y de delincuencia transnacional, por testaferrismo y la utilización de paraísos fiscales para esconder fortunas mal habidas, etcétera. De producirse tal situación la probabilidad de que Maduro vea reducida significativamente su pena es real, y más real será, entonces, constatar cómo los vinculados emprenderán las de Villadiego: huida, escape, escondite, yo no fui, porque nadie los salvará de la persecución de la justicia estadounidense.
Será necesario, no obstante, esperar lo que Maduro revele en cada audiencia para ir dibujando el mapa de sus trapacerías, llevadas a efecto solo o acompañado. Sin embargo, sus secuaces, deben tener listo el plan para ponerse a buen recaudo.
