13 febrero, 2026

Fin de un año y comienzo de otro

El año 2025 que estamos terminando llena de nostalgia nuestro espíritu, porque significa que caminamos hacia algo un poco incierto, ya que no sabemos qué ocurrirá en ese nuevo año. Pero la alegría es contagiosa y pronto nos vemos invadidos de risas y felicidad.

El Año Nuevo siempre trae consigo nuevos comienzos, ya sean de trabajo, de amistades y hasta de amores. ¡Hoy ya estamos en el nuevo año, ya nos dijimos Feliz Año 2026! Sencillamente salieron esas palabras de nuestros labios, pero muchos teníamos nuestros pensamientos puestos en otras cosas, importantes o no, pero algo lejos de la realidad.

Sin embargo, debemos reconocer que el término de un año es algo bastante irreal, porque jamás termina ese año que decimos que se va: todo lo que dejamos pendiente continuará el primer día del nuevo año que empieza.

El Año Nuevo es una celebración mundial que determina el comienzo de un nuevo ciclo anual, donde las personas celebran con fiestas la terminación de un año y el inicio de otro. En algunos países acostumbran hacer muñecos para quemarlos a las doce de la noche.

En Ecuador todavía existe la costumbre de quemar los años viejos. Ese día, el 31 de diciembre, también salen las viudas a llorar a su difunto; estas personas son hombres disfrazados. Piden caridad y lloran por el marido o esposo fallecido, así dicen, y las personas se divierten porque causan risa. Esto tiene un porqué, y voy a referirme a ello.

Esto empezó a suceder a partir del siglo XIX en la ciudad de Guayaquil. Comenzaron a aparecer las famosas viudas justo el 31 de diciembre, cuando se celebra el fin de año, después de tragedias ocurridas en la ciudad, sobre todo incendios y enfermedades que solían dejar un saldo incalculable de fallecidos. Aparecieron estas viudas, que eran hombres vestidos completamente de negro, y pedían cualquier cosa que se les ocurriera.

Esta práctica se acentuó cuando la famosa fiebre amarilla de 1895 azotó a nuestra ciudad. Murieron cientos de personas y todo lo que quedaba del fallecido se entregaba a las funerarias para ser quemado. Esa era la consigna, pues se consideraba que era la forma de terminar el contagio.

En esa época surgió un cortejo fúnebre burlesco, con personas vestidas de negro, inclusive tapadas con velo negro, con el rostro imposible de reconocer. Podían ser hombres o mujeres; estas viudas pedían caridad y fingían llorar.

Luego, con el transcurso del tiempo, estas personas que se disfrazaban fueron cambiando. Comenzaron a pintarse la cara al estilo payaso, se pintan los labios de forma grotesca; es decir, se las ve bastante mal, pero así las personas disfrutan, se ríen y se olvidan de malos ratos pasados.

Cuando los años viejos se queman, la intención es que desaparezca todo lo negativo del año que termina y que empiece el siguiente año con mucha suerte y abundancia de lo material; algunos también desean un cambio espiritual.

Aquí en Ecuador, esta costumbre de quemar los años viejos tiene muchos años y todavía no la erradican. Deberían hacerlo, pues ocurren un sinnúmero de accidentes por este motivo. Sin embargo, la quema de los años viejos está muy arraigada en el país.

En otros países no permiten esta forma de celebrar el inicio del nuevo año, porque jamás existió la elaboración de un muñeco para quemarlo; eso es propio de Ecuador. Como escribí anteriormente, se ha tratado de evitar la quema de los años viejos, ya que ha costado vidas a causa de los incendios que produce este espectáculo.

El fin de un año nos lleva casi a todos a la reflexión: a pensar en un cambio personal, a tratar de empezar una nueva vida con mayor responsabilidad para poder soportar lo que nos tocará vivir más adelante, además de dedicar más tiempo a nuestra familia y a nuestros hijos, porque a cada instante vemos y sentimos que el mundo se desgrana a nuestro alrededor.

Nos tocó vivir, al principio del año 2026, el derrocamiento de un presidente de Latinoamérica. Fue un golpe duro, pero todos estábamos seguros de que eso iba a suceder. En el interior de cada uno de nosotros sabemos que sí lo merecía, ya que había destrozado su país y su gente moría de hambre.

Esto que ocurrió es producto de la indiferencia con la que convivimos frente al prójimo, sea lejano o cercano. Todos conocíamos lo que pasaba en la hermana república, pero ¿nos interesaba? No lo sé; muchas veces ni siquiera nos interesa lo que ocurre con los vecinos, ¿cómo íbamos a preocuparnos por un país tan lejano?

De esta forma terminamos el año 2025. En este año pensemos en nuestro Ecuador; no dejemos que siga cayendo en poder de los delincuentes. Apoyemos a quienes quieren sacar al Ecuador de la podredumbre.

Empecemos este año con pensamientos nuevos, llenos de positivismo y de triunfos.

Felicidades para el periódico Desde Mi Trinchera y para sus articulistas en este año 2026.

3 comentarios

  1. Empezar un nuevo año siempre estará cargado de ilusión de que todo va a ser mejor pero así mismo como lo menciona es algo incierto. Muy acertado el artículo e interesante conocer el origen de los años viejos

  2. ¡Excelente artículo! Me encantó leerlo y aprendí algo nuevo sobre las tradiciones de Año Nuevo en Ecuador. La explicación sobre las “viudas” y la costumbre de quemar los años viejos fue muy interesante. Disfruté mucho el contenido y la forma en que se cuenta la historia. Gracias por compartirlo.

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