En las mejores casas viven los líderes de las grandes mafias. Ahora nos enfrentamos a la isla de los funerales.
El pasado 7 de enero de 2026, en la urbanización Mocolí Golf Club, quedó en evidencia que en la propiedad privada ya no existen garantías frente al accionar de bandas delictivas. Una cancha deportiva se convirtió en el punto de encuentro de una escandalosa masacre. Los delincuentes se vistieron de policías y fue evidente que la justicia actúa solo cuando ve cadáveres en el suelo patrio. Las ráfagas de disparos fueron el aviso de la acción del Estado, pero todo un pueblo quedó profundamente perturbado.
Mucho se ha hablado de los tres fallecidos, de la seguridad burlada y de la delincuencia desatada con patrocinio del narcotráfico. Sin embargo, se silencian las posibilidades de que, en una próxima ocasión, el desenlace no pueda evitarse con tanta facilidad.
En esta ocasión, el objetivo fueron los líderes de la decadencia de nuestra nación; es decir, las vidas apagadas pertenecían a sujetos con antecedentes penales que proliferaron el crimen en nuestro país. Aun así, los invito a reflexionar en que el famoso “daño colateral” pudo haber sido un niño saliendo a jugar. A fin de cuentas, no sería el primer caso lamentable en el que inocentes mueren por balas perdidas, lo que sin duda incrementaría nuestro eterno bucle de luto nacional.
Este acto no es más que una real y amarga amenaza que debe erradicarse de raíz, pues el crimen organizado siempre encuentra brechas para ejecutar atentados, ahora incluso burlando la seguridad privada. La señal es clara: hay que trabajar más en encerrar a la delincuencia, no en permitir que se extienda como veneno.
Sin duda alguna, este es un llamado, entre líneas, a reconocer que ni siquiera en nuestras propias casas estamos seguros. Si en la isla Mocolí, una urbanización con más seguridad que muchas calles de Guayaquil, se produjo un ataque, ¿qué les espera a quienes caminan a sus colegios? ¿Quién velará por la seguridad de los vendedores ambulantes que se encuentren en el lugar incorrecto, dentro de una sociedad decadente? ¿Acaso recordamos la existencia de los indigentes, que también están en peligro? ¿Alguien ha pensado cómo sobrevivirán quienes no viven en ciudadelas, o incluso en el campo y en el suburbio?
Ecuador está en guerra con la delincuencia, y el arma que debemos tomar es dejar el celular y luchar por nuestra libertad.
