MARIA ES MADRE
De Dios… y nuestra. Y nos sentimos involucrados en esa maternidad divina y humana de la Reina de cielos y tierra. Con esto se nos acerca a nosotros, a la medida de la cercanía de cualquier madre, Aquí ya no hay protocolos ni distancias. Aquí, ni da vergüenza llorar en su regazo, ni disimulamos nuestras preocupaciones, ni acallamos nuestras alegrías. Con la madre todo está permitido y ella todo lo entiende. Todo.
Nosotros, la veneramos «con amor filial», filial. Así como suena; y a este amor filial Ella corresponde siempre con amor de madre.
Y esto es tan verdad, que no son pocos los que dudan a la hora de la verdad, porque se sienten «pequeños». Y pensar que de los «‘pequeños» es el reino de los cielos. Y los «pequeños» son la especialidad de las madres. De nuestra Madre.
Hay correlatividad, difícil de explicar con razones teológicas. .. Clara para los sencillos de corazón.
MARIA ES MODELO
Ese «sí» escalofriante, ante el cual estaba pendiente el mismo Dios, cuando el anuncio del Ángel, es modelo de nuestro «sí»; cuando, al sentir la llamada de Dios para ser sus «signos» dijimos con toda nuestra generosidad el «fiat»‘, Ella nos ofrecía la pauta exacta.
Ella, la niña de Nazaret, pudo medir toda la profundidad de la llamada, toda la terrible responsabilidad de su aceptación, toda la «bajeza de su condición de esclava» y su radical impotencia personal ante la magnitud de su «vocación». Y el Evangelio nos pone a continuación una de otra, esas dos afirmaciones, radicales, extremosa, infinitamente desconcertantes; «Soy la esclava del Señor! hágase como dices»… y «El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros».
Mirarla fijamente en nuestra oración, en nuestra meditación del Evangelio, en nuestro rezo del Rosario. .. y Ella hará todo el resto. Y dirá a su Hijo: «No tienen vino»‘. Y su Hijo, aun a riesgo de trastornar sus propios planes, nos dará ese vino generoso… y cualquiera otra cosa que en el intento de llenar nuestra vocación nos sea necesaria.
«A Jesús por María’, ese es el camino real y sin pérdida,
que nos llevará seguros y muy rápidos hasta el fervor de vida, hasta la plena realización de nuestro proyecto apostólico, hasta la perfección de nuestra «consagración’.
Y UNA HISTORIETA DEL H. ANDRES HIBERNON.- San Pedro estaba preocupado. Desde su «Portería» observaba caras desconocidas por las avenidas celestes… y no demasiado limpias… Fue, y se lo dijo al Señor.. Y le dijo el Señor que, a la hora de la siesta, darían los dos un: vuelta por los muros de jaspe del cielo por si había «coladero». Después de buscar buen rato, San Pedro dio con un agujero disimulado por adelfas: de él colgaba un largo Rosario que llegaba hasta la tierra… Y dijo el Señor: «Déjalo, Pedro, son cosas de mi madre». Con ella te dejo con fraterno afecto.
Tomado del Boletín Lasallano
