Estaba en la oficina.
Habían cancelado un turno, así que me puse a hacer ejercicios con pesas.
Tengo una máquina para trabajar los músculos pectorales.
La actividad física duró unos cincuenta minutos, pero seguí acostado para recuperarme por que algo sentía que estaba diferente.
Súbitamente tuve un dolor intenso e inesperado en la región inguinal derecha que me impedía mover.
Junto con esta sensación desagradable e incontrolable, sentía que me ahogaba y tenía la certeza de que algo grave me pasaba.
Era tan fuerte el dolor y la repulsiva angustia, que no me movía ni un centímetro para ver si de esa manera desaparecía.
Traté de calmarme de muchas maneras, pero no se acababa y por el contrario, cada momento me dolía más y me ahogaba.
Seguí empeorando hasta que se me ocurrió tomar la posición de un can para no caerme y noté que seguía doliéndome la zona del corazón como nunca antes me había dolido. Decidido a lo que sea, me puse en esa posición para tratar de llegar hasta donde había una silla.
El problema era que al tratar de agarrar la silla, no había ninguna silla.
Veía las cosas diferentes a mi alrededor. si quería coger algo para apoyarme y luego pararme, no podía hacerlo porque no había nada, por lo que solo me caía.
Todo lo que me rodeaba estaba diferente.
Hasta el saco de mi terno estaba raro, lo sentía como si el mismo fuera una desagradable visión y definitivamente mi realidad era otra muy diferente a la que antes tenía.
No podía agarrar nada y lo que percibía era vivido como si estuviere en otra dimensión, sin poder coger nada de esta rara, desagradable y nueva realidad.
Por más que trataba no podía siquiera moverme.
El dolor en la zona inguinal y toráxica, no solo que era el más doloroso que había sentido en mi vida, sino que todo lo que me rodeaba me hacía sentir más solo y estaba a punto de gritar por auxilio porque sentía que me moría.
Mi respiración era rápida, dolorosa e incontrolable.
Tenía un jadeo que se llenaba con excesos de saliva que no podía controlar.
En un punto clave de este suceso que me pasaba, sabía que a pesar de mantener clara mi actividad cerebral, la realidad que me circundaba estaba distorsionada por cosas diferentes y raras que veía, pero no podía tocarlas porque no eran reales.
Cada vez que trataba de pararme me caía contra la pared.
Me sentía peor y no podía evitarlo. El jadeo incontrolable de mi respiración no me permitía regresar a la realidad.
Opté por no moverme y esperar.
Yo sabía que no podía esperar, pero ya no aguantaba más y no podía seguir sintiendo una realidad tan mala como la que tenía.
Estaba pálido, sudoroso y asustado.
Mi temor era que la desgraciada realidad me controle.
No entendía que me encontraba en un plano diferente de un nuevo espacio .
Así pasó el tiempo, hasta que con mucho miedo comprendí que fallecí.
