12 febrero, 2026

Madurar en el amor

El gran desafío de todo hombre y mujer es aprender a madurar en el amor. Esto requiere pasar de la etapa biológica del enamoramiento, la necesidad de buscar pareja, a alguien o que llene tus carencias o que colme tus expectativas, para luego pasar a la etapa de ajustes, las cosas no son tan mecánicas en las relaciones humanas, hay que flexibilizar rigideces mentales o principios idealistas para ajustarse a la realidad de saber con quien estás, para llegar al amor maduro y consciente cuando aceptas al otro como es, cuando te quitaste caretas idealistas y románticas y simplemente pasas a la comprensión, eres lo que eres y te amo, acepto como eres.

Se dice que lo típico del ser humano es su capacidad de reflexionar, de vivir con una razón que regule y oriente su conducta y sus proyectos. Lo cierto es que el ser humano es una sorpresa hacia arriba sabe hacer grandes cosas y grandes gestos, pero al mismo tiempo tira hacia abajo hacia los impulsos más destructivos que causan desastres y destruyen vidas y proyectos, En el fondo no se conoce, no sabe quién es y qué quiere. Por ello, el primer principio para madurar en el amor y en la vida es reflexionar caer en la cuenta de quién gobierna y orienta tu vida, para luego pasar a la empatía, a vivir en sociedad, en comunidad y en especial en la intimidad que es el respeto y la unión total con el ser amado que abre su corazón y vida, en donde el saber gestionar sus emociones será el éxito de una maduración que lo lleve a la plenitud de la relación y de la vida. 

El gran indicador es cuando la pareja prioriza el nosotros sobre el yo y juntos construyen un proyecto cuyo horizonte no es llenar carencias sino desarrollar potencialidades ¿cómo ese amor íntimo supera el individualismo y crea vida no solo en los hijos sino en la dinámica de las relaciones sociales? Se siente ligado a un nosotros humano que reconoce la vitalidad de los que es amar: animar, apoyar, alegrar, hacer crecer, acoger…Una pareja sana, crea una familia sana y una sociedad alegre, respetuosa y justa, eso es amar. 

El texto de este domingo del cuarto domingo de adviento (Mt 1: 1824), nos narra lo que se llama la “anunciación a José”. Dios, a través de un ángel en el sueño nocturno de José se comunica con él y lo invita a visualizar y comprender que Dios necesita de José para que su proyecto de una sociedad humana justa, buena, alegre y compartida entre todos, el Reino, se haga realidad en nuestra historia humana. Requiere de humanos no solo de María quien ya había comprendido que su misión en la vida será la de ser Madre del Libertador. Le toca a José descubrir y aceptar su misión, no mi proyecto de tener simplemente casa, mujer, hijo, tierra y trabajo, sino la de velar y cuidar la vida humana en el símbolo de ser un “Padre a la sombra”, ya que el verdadero Padre es Dios, acoger al niño como suyo para prepararlo para el mundo, como todo buen padre o madre, sabiendo que la misión del niño estará en la importancia del nombre.

El nombre de Jesús será Dios salva, pero luego el texto anuncia el cumplimiento de la esperanza de los hombres y mujeres del Antiguo Testamento, anunciado por el profeta Isaías, el nombre será Emanuel: Dios con nosotros. ¿Cuál mismo es el nombre y la misión de Jesús? Simplemente señalar que Dios camina con su pueblo, no falla y que la única forma de salvar lo humano, la vida es estando al lado del que sufre, del que ama, del solo, del fracasado, del pecador, del necesitado. Dios salva acompañando. Esta es la maduración humana que va de la mano con la maduración de la fe. La vida humana volará alto cuando descubra las raíces eternas de su fundamento, estamos llamados a trascender, a dejar una huella en este mundo que marque la diferencia. 

José nos enseña no solo a madurar en el amor, cuando sabe sanar sus heridas, se sentía defraudado de María, no comprendía, como no comprendemos nosotros, cómo lo humano se hace divino en el vientre de su mujer, sino cuando descubre la trascendencia de la vida y el misterio del verdadero amor cuando escucha en sueño y descubre lo divino, porque sabe percibir la trascendencia de la vida y la cercanía del misterio, pero discierne que su mujer es humana, es digna y pasa de haberla repudiado en secreto a sanar sus heridas al descubrir una misión más grande, ese Hijo es del Espíritu, porque el espíritu “aleteaba sobre las aguas en la creación para poner orden al caos” y animaba al barro, al sentir “el soplo de lo divino” en la vida y la historia de lo humano. Cuando se prioriza el nosotros sobre el yo, se discierne lo que debemos elegir para descubrir lo divino en lo humano. Eso es navidad.

Madurar en la fe, solo será posible si se madura en lo humano, en el amor. Y esto será posible si tenemos claro algunos principios, como nos dicen los expertos:

 

PARA PENSAR

¿POR QUÉ ES DIFICIL MADURAR EN EL AMOR?
Por vivir centrados en el yo y no en el nosotros

¿CÓMO JOSE ES SIGNO DE MADURACIÓN HUMANA?
Porque descubrió su misión más grande que su pasión

¿QUÉ NOS PUEDE AYUDAR A MADURAR EN LA FÉ Y EN EL AMOR?
Reflexionar, empatía y gestionar emociones.



1 comentario

  1. Que buen artículo! Entre hacer mi lista de compras me detuve a leerlo! Soy fan de la TRINCHERA! Me ayudo a pensar en mis tablones de VIDA «LA CALIDAD HUMANA» EN EL AQUÍ Y AHORA CON MI PAREJA ! GRACIAS POR LA REFLEXION

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