Es un signo de los predestinados: la devoción a la Santísima Virgen. Y entre nosotros, es nota de familia. Nuestra «devoción’. Y nos viene de lejos, de la fundación del Instituto.
El 28 de mayo de 1684, terminaba la primera asamblea de los Hermanos. Y la misma tarde, el Fundador con los 12 primeros Hermanos emprenden una peregrinación, a pie, claro, hasta el santuario de Nuestra Señora de Liesse, distante como 40 kilómetros. Para pasar el día siguiente en oración ante la Señora, a quien nombraban fundadora y madre de las escuelas cristianas.
ALGUNOS RASGOS DEL AMOR DE SAN J.B. DE LA SALLE A LA SEÑORA
Su amor para con la Virgen Santísima fue filial. Esto parece sencillo y normal. Y no lo era. En su tiempo, en que el jansenismo minaba presbiterios y monasterios, se requería coraje, amor, para ser el defensor de las glorias y privilegios de María. Y lo fue.
- Se pasaba horas y horas en coloquio amoroso con la Madre celestial.
- En sus fiestas, andaba de cabeza. Ayudaba a decorar la capillita. Daba alegría verle con el amor a flor de ojos. La de la Inmaculada, sobre todo, se celebraba por todo lo alto «que se adorne la iglesia con todo lo que se tenga de más hermoso y rico, como el santo día de Pascua, como dice el Libro de Costumbres de San Yon.
- El Rosario… no lo soltaba de sus manos, tanto que la gente le conocía por «el sacerdote del Rosario»… Inculcaba su devoción a Hermanos y niños, de modo que éstos andaban por las calles rezando el rosario…, así.
- Visitaba todos los santuarios marianos que pillaba a su paso en vida andariega. Y entonces, su costumbre era la misma, preparación con ayuno y visita larga, larga…
María Nuestra Reina
Y señora. Cuando su Hijo la llevó «toda'» al cielo. El «Rey puso a su lado un trono para la Madre del Rey» dice la Escritura Santa. Y Cristo Señor cumplió todas las Escrituras. Esta también. Y allá está desde entonces nuestra Reina con el mundo a sus pies, o en su mano, ejerciendo esta realeza.
«Todas las generaciones la llaman bienaventurada» porque
«el Señor ha hecho en Ella maravillas». Y en esta realeza mariana se funda nuestra confianza plena en su poder. Todo lo puede. Hasta lo más difícil. Hasta lo imposible. En cualquiera situación, desde el abismo de una vida pecadora, nadie debe desesperar. «Clame desde lo más hondo a la Señora» y espere… porque esta Reina usa y abusa de su poder en favor de los pobres, de los pecadores, de los que en Ella Confían.
Tomado del Boletín Lasallano
